Por qué no hubo regalos bajo el árbol

Algo de remordimiento me golpeó ligeramente el 23 de Diciembre mientras coordinaba los últimos detalles de la cena de Navidad. “No le compré nada a mi bebé” — dije con algo de vergüenza y en voz alta. El sentimiento de culpa o remordimiento me duró todo el 24 de diciembre, especialmente cuando mis amigos aparecieron con regalo para mi gordo. Confieso que en ese momento me sentí mala madre. Pero el 25 llegó y a pesar de todo las cosas no están mal. Mi esposo no me ama menos porque no le compré algo, ni yo lo amo menos porque no me compró nada a mi; y ciertamente mini-me no exhibe ningún síntoma de trauma. Me mantengo firme y sigo creyendo que nuestra decisión de no comprar regalos esta Navidad fue la correcta para nosotros en este momento, y que intercambiar regalos con los amigos fue una excelente idea para celebrar esa noche.

Escribo esta entrada porque inevitablemente la pregunta de “Por qué?” ya existe en las mentes de quienes nos conocen, pero que hasta ahora nadie se atreve a hacer (lo cual agradezco porque es una pregunta hacia lo privado y ya saben cómo soy con eso). Sin embargo, aún cuando los detalles de nuestra decisión sean una cosa de pareja y es más complejo de lo que quiero realmente explicar, siento la necesidad de compartir mi tren de pensamiento para quien esté interesado con el riesgo de que a falta de detalles muchas cosas sean mal interpretadas.

AVISO IMPORTANTE: Abuelos, abuelas, tíos, y tías, no tenemos problemas de dinero ni somos unos tacaños, perezosos o desalmados, no estamos peleados con nadie, no amamos menos a nadie, y ciertamente no creemos que nos merecemos un carbón. Ha sido un buen año, lleno de muchas y nuevas aventuras para todos. Regalos hemos comprado durante el año a medida que la oportunidad y la ocasión se han presentado. A nadie le falta nada material o espiritual en casa. Así que tranquilos, es una decisión al largo plazo, filosófica y de fondo.

Amigo lector, mientras lee esta entrada tenga en cuenta que soy una persona de decisiones al largo plazo, que este no es producto de un impulso, que esta es una de esas cosas que trascienden más allá de una sola fecha, y sobre todo, SOBRE TODO, que se que muchas personas opinan diferente a mi y aquí no estamos juzgando a nadie.

Hay dos motivaciones: la primera, mi eterna cruzada personal con las celebraciones comerciales (amor y amistad, día de la mujer, navidad) y la segunda, mi deseo de darle a mi pequeño humano un conjunto de herramientas y de principios para que sobreviva en el mundo que se va volviendo cada vez más materialista, consumista y superficial. Lo se, en principio la medida suena drástica, pero con el tiempo la vamos a ir ajustando y estoy convencida que a este punto no estoy creándole ningún trauma. Para aquellos que están preocupados por el futuro social de mini-me, tranquilos que tampoco voy a hacer de mi hijo un paria social, en el futuro habrán regalos, cuando sea el momento y por aquello de mantener la magia de la Navidad. Como dije, es un plan al largo plazo y no de una sola fecha.

El significado de un regalo

Según la RAE, un regalo (que viene de la palabra regalar) es

Dar a alguien, sin recibir nada a cambio, algo en muestra de afecto o consideración o por otro motivo.

La sola definición me parece muy bonita, muy acertada, y la que me gustaría inculcarle a mi hijo. Aquí está mi conjunto de principios al respecto:

  • Dar un regalo es porque nace del corazón, teniendo siempre por delante lo que la otra persona (o personas) le gusta, quiere o necesita.
  • Los regalos no son imposiciones, así que no debe esperar de otros un regalo y mucho menos medir el amor basado en eso.
  • Pedir un regalo a alguien es desconsiderado con las intenciones, el tiempo y el bolsillo del otro.
  • Los regalos no son buenos o malos, son muestras de afecto y se deben recibir como tal.
  • Los regalos no miden el comportamiento del año ni debe ser el objetivo para portarse bien.
  • Siempre se debe dar las gracias cuando se recibe un regalo.
  • Los regalos tienen diferentes significados para las otras personas y hay que aprender a conocerlas y respetarlas.
  • Los regalos comprados no son mejores que los hechos y viceversa, simplemente porque no hay mejores regalos que otros.
  • Dar regalos no es una competencia de quien ama más.

Hecho o comprado

No todos (y no siempre) tenemos la habilidad, dedicación o simplemente el instinto de hacer algo con nuestras propias manos y preferimos ir a una tienda a comprarlo, es perfectamente normal, aceptable y no es mi punto. Mi punto es que hacer regalos es una actividad que prefiero compartir y desarrollar con mi pequeño. Hay cientos de oportunidades para mi en esa actividad aparentemente tan básica: compartir tiempo juntos, uso de la creatividad, valor por el esfuerzo realizado, complicidad en hacer algo de sorpresa, habilidades manuales, orgullo de la tarea cumplida, autoestima al recibir el aprecio por lo hecho, empatía por lo que el otro puede gustarle, entre muchas otras relacionadas con el desarrollo de la persona. Parece insignificante, pero creo que el que un niño haga un regalo tiene muchas repercusiones sociales positivas.  En el proceso de dar regalos en épocas como la Navidad planeo involucrarlo en hacer algo manual en lugar de llevarlo conmigo a un centro comercial a escoger algo.

La magia de la Navidad

La Navidad culturalmente viene asociada con un “si te portaste bien recibes regalos” y la verdad es que quisiera no seguir con esa tradición. La navidad entre otras cosas la veo como una oportunidad para compartir, pasar un buen rato, y ser felices. Estar  lejos de nuestras familias (y a su vez de nuestras tradiciones) nos ha dado la oportunidad de decidir sobre nuestras propias tradiciones y las que van asociadas al país al que ahora llamamos hogar. En los últimos años, hemos jugado “amigo secreto” lo cual tiene un propósito muy divertido de darnos regalos mutuamente pero de manera aleatoria. Ese juego tiene muchas cosas positivas, por un lado esta la complicidad de que nadie sepa a quién le vas a dar el regalo; y la otra es el misterio de averiguar qué se le puede regalar a esta persona misteriosa.  En términos de mini-me creo que vamos a irnos por el lado de las tradiciones locales, en donde los niños escriben cartas a Santa (Canada Post tiene un servicio y es espectacular pues reciben por correo respuesta de Santa!) y son motivados a no solo pedir regalos, sino de dar gracias, contar sobre ellos mismos, hablar de sus sueños y de lo que los hace felices y adjuntan un dibujo que ellos mismos hacen como un regalo para Santa. También a medida que mini-me va creciendo he pensado en hacer de la navidad una oportunidad para dar (inspirada por una historia vista por ahí). Dar es fomentar simpatía y solidaridad por otros.

No es comprar por comprar

En casa él y yo usualmente no esperamos una fecha para comprarnos (ni a los mini-us) algo que queremos/necesitamos y tampoco somos de los de comprar y esperar a la fecha para darlo. En esa línea de acciones, llegó diciembre y a ninguno le falta nada afortunadamente, lo cual simplemente deja con que todo el año estuvimos pendientes de cubrir deseos y necesidades de todos en casa, llenando momentos aleatorios de sorpresas, alegrías y ese sentimiento de recibir algo completamente inesperado como una muestra genuina de afecto.

Vamos a ver como nos va en la siguiente Navidad!

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