De las conexiones humanas y el día que whatsapp reemplazó el teléfono

Ayer él cumplió años y no recibió ni una sola llamada de felicitación. Y uno puede leer esa línea de muchas maneras: con risa, ironía, nostalgia, asombro, incredulidad, incluso algo de pena. Pero para mi, fue un evento de pura reflexión.

En mi memoria recuerdo a mi mamá llamando cada noche a mi abuelita. No eran llamadas de muchisimas horas, pero recuerdo muy bien que era una llamada de chequeo como para preguntarse por su dia y desearse buenas noches.

“Bendición mita?”— arrancaba mi mamá cada llamada

Cuando me fui de la casa de mis papás no llamé a diario (a veces me pregunto si mi mamá añoraría que nosotras lo hicieramos), pero de vez en cuando, al menos una que otra noche yo también llamaba a mi mamá. Eso si, no me pasaba una semana entera sin llamarla. Y habrá que aclarar que de todas maneras nos veíamos a diario en las mañanas cuando de camino a la universidad y yo pasaba por ella para llevarla al trabajo. Peor a no siempre los 20 minutos de recorrido nos alcanzaban, y bueno! iba manejando así que no se podía prestar para una conversación profunda.

Ahora vivo más lejos todavía, ya no nos vemos a diario (solo dos meses en los ultimos 4 años) y ahora si que no nos llamamos tan seguido, pero fijo fijo cada semana tenemos contacto por whatsapp. Lo chevere es que ahora no solo es con mi mamá (quien es la parlanchina de la casa) sino también con mi papá, mis tías y mi hermana. Irónicamente, es mi mamá la que menos habla por whatsapp, pero por lo menos llamarnos por ahí nos sale relativamente gratis.

Como todo en la vida de las relaciones humanas esto de llamarnos va en dos direcciones, pero solo puedo responder por mi lado. La frecuencia con la que mi mamá me llama o me escribe hace parte de la persona que ella es, su relación con la tecnología, y su día en general (y cuando digo mi mamá la uso de ejemplo pero me refiero a todas las personas con que que suelo (solía?) tener contacto humano), pero si ella no me llama, entonces yo la llamo, y si ella me reclama entonces yo le reclamo, pero en el fondo todavía nos llamamos.

Para ésta era en la que vivímos muchas personas sienten que whatsapp es suficiente contacto humano, que un mensaje de texto o un mensaje de voz es mas que suficiente. Incluso que escribirle a alguien en social media (facebook?) es bastante para una expresión de afecto. Me hace reflexionar el hecho de pensar que las personas ya no queremos ni esperamos más, mientras hay otras que quieren y esperan todavía una llamada.

Aqui va mi reflexión, whatsapp (por decir cualquie forma moderna de comunicación) es otra forma más que no debería reemplazar, ni minimizar las otras, es solo otra forma en la que las personas de alguna u otra manera, buscamos estar cerca de nuestros seres queridos. Pero sobre todo, que el hecho que nos comuniquemos de maneras diferentes o significa que nos comuniquemos mal, o que nos queramos menos.

Solo espero recordarlo el día que mini-yo se vaya de la casa y no me mande ni un emoticon por whatsapp.

Llegar a casa

No hay mejor manera de recompensar un duro día de trabajo que llegar a la casa y que me reciba una muda y enorme sonrisa que siempre viene acompañada de unos saltos de emoción.

Por estos días estoy viviendo las frutas inmaduras del doctorado, y cuando mi alarma suena a las 5:00 no me importa si estoy en la mitad de mi momento productivo, salgo como quien espanta un loco (aka. pedo) agarro mi chaqueta, mi maleta, me monto en mi bicicleta y pedaleo rumbo a mi casa. Allí me espera ese pedacito de ser humano para que juegue con el , le de la cena, un baño caliente (asistido de papá), un poquito de comidita reconfortante, si el tiempo y el sueño lo permite, un poquito de tiempo-nuestro pegado a mi pecho, y a dormir en la camita.

Cada día de trabajo, aspiro a esas dos horas de la tarde, donde puedo meter mi nariz entre esos plieguecitos del cuello, olerle la cabeza, darle picos en los cachetes, pasarle mis manos para que juegue con ellas, que me haga “masajes” en la cabeza, me “acaricie” el pelo, y me de “besos” en donde aterrice esa boquita. Hacerle cosquillas, sobarle los piecitos y contarle los dedos, leer un cuento, leer otro cuento, cantar entre medio, arrastrarnos por la sala, jugar con el sonajero, poner a sonar una y otra vez el mismo juguete con la misma melodía.

Si antes me gustaba llegar a casa, ahora me gusta más. Ver esa expresión de genuina felicidad es como si el también hubiera estado contando las horas.

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Mi cumpleaños (sin signo de exclamación)

32 es el número de este año.

Es la primera vez, desde que tengo uso de razón, en que el cumplir años no me emocionó. Es dificil de explicar.  Él dice que es porque ahora tenemos a Garbacito y la emoción ahora es sobre su cumpleaños. Pero aún así hubiera querido sentir algo de genuina emoción. Ni siquera sentí algún tipo de anticipación.

Como dice el adagio popular: ¿será que me estoy haciendo vieja?

La última gota

Creo que de todas las cosas que he vivido al regresar al trabajo, lo que mas me entristece es ver cómo la cantidad de mi leche se disminuye lentamente. En 1 mes pasé de llenar 6oz cada 3 horas, a tener las mismas 6oz sumando toda la leche del día.

Aceptar que ya no puedo seguir amamantando a mi gordo de manera exclusiva ha sido difícil, siento que estoy perdiendo esa conexión, ese momento que sólo tenemos los dos, esa capacidad de darle de mi cuerpo el sustento, o a veces sólo el confort.

Pero bueno algún día iba a pasar…

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El sueño que se hace realidad: “Dormir”

Hay cientos de teorías sobre cómo hacer dormir a tu bebé. Unas a mi parecer son simplemente crueles, otras no me parece que tienen sentido, y una que otra califica para intentar. No se si las alcanzamos a probar todas, claramente como ésta última ya funcionó (toco madera*) no vamos a cambiar las cosas.

Como la madre primeriza que soy, y sumada a mi particular personalidad, me remito a dos fuentes de información: las mamás de mi vida (porque las mamás lo saben todo! y ellas siempre son mi primera fuente de sabiduria), y lo que haya en la literatura actual. Y valga la aclaración que “actual” ha sido una palabra clave para mi en todo este cuento de ser mamá. Como la académica que soy, yo creo en la investigacion, así que tengo la tendencia a buscar apoyo en la literatura. Bien o mal, aquí vamos.

El último libro al que recurrimos y que reveló la estrategia ganadaroa se llama “The Sleep Sense Program” por Dana Obleman (Amazon.ca, Official Website). Llegó a nuestros manos por recomendación de una de las enfermeras de nuestro health unit siendo ella una experta en desarrollo infantil. Creo que lo que más me gustó del libro es la forma en como todo se pone en perspectiva. Por supuesto, después de todo no soy la primera mamá en el mundo desvelándome para atender los llantos de mi bebé a la madrugada cada tres horas, y un poco de “no estás sola” es aliviador (eso lo tienen casi todos los libros). Lo que realmente me puso en perspectiva a mi es que no le puedo enseñar a mi hijo algo sin darle la oportunidad a que él lo haga solo. Ella pone el ejemplo típico de cómo vas a enseñarle a tu hijo a gatear si nunca lo pones en el piso. Y dado que me siento personalmente tocada con ese ejemplo gracias a la aberración de David de estar boca abajo, todo hizo clic.

El primer capítulo habla sobre la importancia del sueño—osea el buen dormir. Para el bebé es obvio que su cuerpo y su cerebro necesitan procesar todo lo que ha aprendido en el día y sobre todo necesita recargar las baterías. Actividad que según la literatura, se continua durante los primeros 12 años de todo niño (ahí luego llegan a la adolescencia y para eso uno necesita otro libro completamente diferente. Algún día escribiré lo que he aprendido de allí). Pero ese mismo descanso es igual de importante para mamá y papá — duh!.

Ahora digamos que en mis años mozos, di tu mis 20s,  4 horas de sueño eran suficiente para ser un ser humano capaz y coherente. Claramente ya no es el caso. Pero la revelación sobre el sueño para mamá y papá tiene que ver con algo mas importante que el aguante del trasnocho; y es que con ese ritmo de vida nocturna y sin mucha calidad de sueño, la relación de pareja empieza a sufrir—y yo ya estaba sintiendo que por ahí iba la cosa. Así como cuando uno lee y se siente relacionado (de nuevo el “no solo me pasa a mi” da algo de alivio). En mis manos, ese libro sería una herramienta para mejorar mi calidad de vida, la de mi bebé y por supuesto la de mi esposo.

Segundo capítulo, una introducción a lo que es el llanto. El tema del llanto es bien controversial para mi, porque creo que no tiene sentido dejar a mi niño llorando inconsolablemente hasta que pierda toda esperanza y se quede dormido— o bien llamado, el método de “dejarlo llorar”. Me gusta este capitulo porque es muy honesto, y aún cuando inevitablemente mi hijo tiene que llorar porque no sabe hablar todavía, es importante que YO siendo su madre, entienda el por qué está llorando y cómo yo debo lidiar con su llanto. De nuevo, algo de perspectiva: mi hijo va a llorar en muchos momentos durante su vida y punto, es su forma de reclamar ante el cambio, es su manera de protestar, es su forma de llamar a mamá en la noche, es su forma de decir que tiene hambre, está cansado, está aburrido, está incomodo, algo le duele, finalmente es su forma de comunicarse. Yo soy el adulto, no puedo ignorar su llanto, pero eso no significa salir corriendo cada vez que lo hace—a menos que su vida esté en peligro obviamente. El llanto estará allí y yo tengo que descifrarlo para saber qué hacer.

Los siguientes capitulos son un paso a paso lleno de estrategias, posibilidades y variantes para uno adoptar, pero que dejan en claro el objetivo de cada etapa y cuanto te demoras en ella. Como todo, cada quien toma lo que necesita y arma su propia estrategia. Mi parte favorita es las secciones de “qué hacer cuando no sale como uno espera”.

Entonces como funciona la cosa?

Primero lo primero, y es crearle al bebé una rutina.

Una rutina constante que el relacionará con su hora de dormir, de manera tal que con el tiempo el pueda predecir qué es lo que viene. Para nosotros incluye, baño caliente, música, pijama, cuento, y un rato abrazados bailando suavemente al son de la musica de cuna. Un par de besos, “buenas noches” a todos los presentes, un “te amo”, y a la cama. Y en este punto todo depende de el estilo de padre que uno es y puede ser, y básicamente lo que uno puede soportar. Para algunos significa dejar al bebé e irse, para otros es quedarse a su lado, para otros es ir cada 10 minutos a proveer consuelo… lo importante es hacer lo que a uno lo haga sentir cómodo, siempre y cuando se respete el objetivo: que el bebé aprenda a dormirse por el mismo, así que no se vale dormirlo en los brazos, pues de hecho es todo lo contrario. Esa  fue la lección mas importante para nosotros, porque al cabo de 5 meses habiamos creado una dependencia mutua a dormir juntos. Ahora “dormise por si mismo” significa retirar de la “rutina existente” todo objeto o persona del que David dependía para dormirse y que el no pudiera controlar. Y así quedó el solo en la cuna sin chupo, sin papá abrazandolo, y sin la teta de mamá, pero con un muñeco, uno fijo que nunca deja la cuna y al que el puede recurrir para abrazar y dormirse.

Segundo, irse a la cama temprano.

El objetivo de sueño de un niño de 0 a 12 años es estar dormido entre las 7pm y las 8pm, por dos razones importantes: (1) la cantidad de sueño necesaria para ellos es de 10 a 12 horas aproximadamente; y (2) mamá y papá necesitan tiempo para ellos. Por experiencia propia puedo confirmar que no importa a que horas acostabamos a David, muy a las 7am estaba él listo para arrancar el día. Creer que entre más tarde lo acuestes mejor, o al contrario que si lo duermes temprano se levanta temprano, no es verdad. Puedo dar fe de ello. La primera noche no lo podíamos creer, a las 7:30 David estaba dormido y por primera vez en 5 meses nos pudimos sentar en la sala con crispetas a vernos una pelicula…. y nos vimos dos.

Tercero, entender los ciclos de sueño.

Cada persona se despierta al menos cuatros veces en la noche, y los bebés no son la excepción. Lo que pasa es que ya aprendimos a dormirnos, nos damos la vuelta, acomodamos la almohada o las cobijas, vamos al baño, o lo que sea, pero volvemos a dormirnos. Ni siquiera somos conscientes de todas las veces que nos despertamos pero lo hacemos. O ¿quién amanece siempre tal y como se durmió? He ahí la importancia de aprender a dormirnos solos. Los bebés igual, y dice la teoría que 10 minutos es lo máximo que nos toma quedar en una posicion comoda y volvernos a dormir. Así que cuando uno oye al bebé tiene que esperar 10 minutos antes de ir a ver que es lo que pasa, a ofrecer consuelo, algo de comer, un arrullo y vovler a dormir. Al principio puede que las visitas sean frecuentes, despues de todo el bebé está aprendiendo a dormirse, pero con el tiempo ya los 10 minutos se vuelven 7, 5, y a veces 1 minuto.

Cuarto y último, las siestas del día son tan importantes como las de la noche.

Creer que tener al bebé despierto hasta el cansancio hará que se duerma mejor es un error y tiene sentido si pensamos que nosotros mismos cuando estamos exhaustos pasamos una pésima noche. Durante el proceso de enseñarle a dormir, las siestas son igual o incluso más complicadas que la hora de irse a dormir. Técnicamente por cada 2 horas despierto deberia haber aproximadamente 1 hora de siesta… esta es la hora en la que David duerme típicamente 20 minutos de siesta. La siesta tiene muchos retos, pero el más grande es que es de día. Durante el día hay luz, ruido, actividad, mamá y papá están hablando abajo, y en la calle hay vida. Encima de todo, la vida de uno no gira alrededor de las siestas del bebé y es imposible ajustar la vida de uno a ese horario tan cahótico; hay que ir al banco, a mercar, al correo, incluso a dar una vuelta. Y bueno, todo eso complica la siesta. Así que el capítulo de la siesta es básicamente un conjunto de condiciones importantes para tener en cuenta. La siesta no se puede forzar, pero se puede incentivar: música suave, cerrar las cortinas, besos, arrullo, y a la cama—la misma en la que duerme de noche. Cuando el bebé muestra señas de estar cansado (se soba los ojos, se hala las orejas) es hora de ponerlo a dormir así no haya pasado 2 horas despierto, si está cansado pues hay que descansar. La siesta es una recarga personal, algunos necesitan 1 hora, otros 20 minutos, así que lo que uno busca es que el bebé se despierte contento y descansado. Si se levanta molesto y evidentemente cansado, pues necesita otra siesta pronto. Y el arma secreta de última instancia, dar una vuelta en el coche o en el carro, porque es importante que haga siesta a como de lugar o la noche no será para nada un paseo. De la siesta depende la noche.

Nosotros

Suena fácil y a como obvio.  Para nosotros funcionó en dos semanas. Valga la anotación de que a los 3 días ya estabamos disfrutando de los beneficios de dormir mas de 4 horas seguidas además de tener tiempo para nosotros.

Actualmente David a las 7pm está en la cama, dormido en menos de 10 minutos, se levanta una sola vez en la noche por un snack ligero usualmente con mamá (cada vez se levanta mas tarde, empezó a las 11pm y ya va en las 4am) y a las 7am está despierto sonriendo. Las siestas aun no son un exito, pero en parte es la inconstancia de nuestro día a día y para eso no hay nada que podamos hacer por ahora.

Y como todo en la aventura de ser padres… cuando crees que lo lograste algo llega a dañarlo todo: creemos que le estan empezando a salir los dientes, algo que inevitablemente le va a joder su sueño.

Que siga la aventura.

De regreso al trabajo

Y el susodicho día llegó….

Ya llevo un mes de regreso y apenas estoy empezando a poner las cosas en marcha. Puedo decir que la semana que acaba de pasar fue verdaderamente productiva, retomé donde habia quedado y elaboré el plan inicial para continuar.

Como en todos los trabajos, retomar después de haber estado ausente ha resultado complicado. yo diría que lo que complica mi situación, es que 5 mese en investigación puede significar un nuevo rumbo de trabajo… y creo que es mi caso.

PS: Mi plan es acabar este año, pero todo parece indicar que no va a ser posible 🙁

Ese sueño llamado “Dormir”

Han pasado casi 7 meses (los 5 de David más los últimos 2 del embarazo) y puedo contar con una mano la cantidad de noches que he tenido calidad de sueño. Estoy agotada. Estamos agotados.

Cada vez que oigo a un padre o una madre decir que su bebé duerme seguido la noche o que en tanto lo ponen en la cuna se duerme, me dan ganas de agarrarlos por las greñas y hacerlos pasar una noche en mi casa a la merced de David “el peleador del sueño”.  Si mi hijo tuviera un super poder sería el de “combatir el sueño” porque eh ave maría si que lucha.

Y cuando los oigo darme los mil consejos, sobre todo ese de “deje llorar al niño” me provoca meter esos comentarios en un tarrito de púas y ponerlo en algún lugar muy especial.

Si, lo hemos probado todo! Y sabemos perfectamente cual es nuestro problema y lo estamos resolviendo…  Pero toma tiempo, y mientras tanto estamos sin dormir.

Y es que el condenado sabe y pone esa carita de “yo no fui” y en medio de la noche saca una deslumbrante sonrisa que llena el alma. Quien se enoja con esa carita?

Espero en un par de semanas reportar que estamos durmiendo derecho y por ahí entonces un resumen de nuestra experiencia, los intentos fallidos, los errores que cometimos y lo que por fin funcionó. Por ahora, cambio y fuera.

Y cuándo vuelves?

Me preguntó mi supervisor en la última reunión de grupo

“Pronto” — Respondí con un poco de vergüenza.

Mi retorno al doctorado depende de un único factor: ¿Quién ve por mi repolludo mientras tanto?

Mi plan es arrancar en Enero y para poner ese plan en marcha exitosamente muchas cosas tienen que pasar en las próximas 4 semanas. A hacer cachitos para que todo salga bien!

El pecado de la leche de tarro?

Uno se cansa de leer y de escuchar a todo el mundo decir todos los beneficios de la leche materna y al mismo tiempo una presión para evitar a toda costa la fórmula (o “leche de tarro” como la conozco yo).
Si, no desconozco que lo mejor que le puedo dar a mi hijo en términos de alimento es mi propia leche y hago todo lo posible para que ese sea su alimento constante y exclusivo. PERO lo que mi hijo realmente necesita, lo mejor que yo le puedo dar, es la mejor versión de mi misma…  Y a veces,  esa versión mía está agotada del trasnocho, abrumada con la realización de su nueva vida y a veces incluso algo deprimida….  Y es allí cuando debo decidir que mi hijo puede tomar un poco de fórmula, porque mamá necesita un descanso, dormir y recuperar la compostura para darle a mi hijo lo que realmente necesita: a mamá.

Yo sé que no estoy haciendo nada malo, y que darle a mi hijo fórmula no es un pecado. Ojalá la gente dejara de juzgar, solo uno que es la que da leche sabe lo que de verdad es. Y para algunas cumplir con el exceso de leche no es pan comido.