Molinos de Viento para Javier

Esta mañana amanecí pensando en Javier. Era el 16 de Febrero de 2002. Por fin mis papás habían alcanzado su sueño de tener casa propia (tras padecer en el fiasco del UPAC en Colombia que atentó con ese sueño de tantas familias incluyendo la mía), la casa sin embago estaba pasando por remodelaciones y no habíamos podido mudarnos hasta ahora, estaba terminada pero deshabitada. Dos días después de mi cumpleaños mis amigos de la universidad planearon para mi una celebración, en complicidad con mis papás, para hacerla en la casa vacía. Celebrábamos mi cumpleaños #18.

En mi familia Javier pasó a la historia como el “muchacho del collar”. Era un collar de pepas cafés (algunos dirán que eran negras— tengo problemas con esos tonos oscuros), medio gargatilla, medio alterno. Javier era un tipo metalero que nada tenia que hacer entre nosotros, una partida de merengueros, salseros y vallenateros. Pero era uno de nosotros. Javier pasó por mi vida como un amigo incondicional, de ese que siempre estuvo allí, incluso cuando no tenía por qué estar. Javier me enseñó cosas que enseñan las malas amistades, y con su complicidad quemé etapas de la universidad. Javier era el picado a rebelde en nuestro grupo.

Los recuerdos con Javier se me han ido desvaneciendo con el tiempo. A veces me pongo a pensar en mis años de universidad y pocos momentos se me vienen a la memoria con buen lujo de detalles. A Javier lo recuerdo en las buenas, en las malas, y en infinidad de trasnochadas. Javier sabía cómo hacernos reír, sabía como consolarnos cuando el mundo se volcaba contra nosotros. El tenía las palabras precisas en el momento adecuado. Y cuando no, entonces estaba allí para abrazarnos. Para Javier yo era ‘otro man más’ como solia decirme y creo que eso hizo que no se cohibiera al ponerme los puntos sobre las íes.

A Javier lo perdimos de la manera mas inesperada. Al menos inesperada para mi. Para cuando el murió el y yo ni siquiera nos hablábamos. La diferencia de opinión entre mis amigos y yo sobre mis decisiones abrió, por la época antes de su partida, una brecha que nunca se volvió a cerrar para algunos de nosotros. Pero así es la vida, y no podría cambiar ninguno de esos momentos de mi pasado (bueno, excepto uno).

Hoy por alguna razón amanecí pensando en él. Y mientras iba en el bus de la mañana contemplaba mi vida presente y pensaba que sería de él si pudiera hablarle hoy día. Me preguntaba si por fin abria acentado cabeza, si habria conseguido un trabajo de programador en una empresa y se vestiría de camisa de botones y pantanlones serios. Me imagino que todavía viviría con su mamá, porque se lo importante que era ella para él y lo mucho que ella contaba con su compañía. Me pregunté por su hermanito, que ahora debe ser un muchacho de ventitantos. Pensé que quizás en sus sabados, perdía la camisa y se ponía su camiseta negra metalera y todavía seguiría tocando en la guitarra canciones de metal. Quizás hubiera partido de Colombia y viviría fuera. Quizás….

Los recuerdos de Javi se me van desvanciendo con el tiempo, solo quiero retenerlo en mi memoria un poco más. Mago de Oz toca “Molinos de Viento” mientras pienso en él.

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