En mi casa no me enseñaron a odiar

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En Colombia estamos llenos de odio.

Contra el gobierno, contra los políticos, contra el vecino, contra los jovenes ,contra los viejos, con el señor de la caja, con el del banco, con el del mercado, con el del correo, con el de “servicio al cliente”, con el vendedor, con el mendigo, con el pobre, con el rico, ……….. con todo el mundo.

Con tanto odio, ¿cómo podemos esperar que haya espacio para la esperanza, fe, comprensión, solidaridad, paciencia, tolerancia, y en últimas amor por el otro?

Estar en Colombia durante plenas elecciones presidenciales me hizo reflexionar de que tan contagiados de odio estamos en nuestro país.

Almorzar con la familia y escuchar como entre ellos sus diferencias políticas convierten el comedor en un campo de batalla le quita el apetito a cualquiera. El respeto por la diferencia se olvidó, y ahora quien no está con uno, entonces se merece todo el odio acumulado de tanta decepción política. En las redes sociales se vuelve un matadero que no tiene nada de civilizado, ni siquiera de infantil. Es que el dicho de “parece en la galería” ya no le alcanza.

Tanto odio alrededor enferma a cualquiera.

Todo es motivo de pelea, todo el mundo está a la defensiva, con los puños arriba listos para responder el golpe. Con tres piedras en la mano.

“Pero no se vaya a dejar!”, “Majaderos”, “Eso es que hay un ricacho, hijo de papi y mami”, “Desgraciados, cómo es que le hacen esto?”—- fueron algunas de las muchas respuestas de al menos 10 personas, completamente separadas, sin relación alguna, cuando les comenté que me había llegado un correo de la aerolínea reportando un cambio en el vuelo de regreso.

Quedé sin aliento—— por qué tanta agresividad? por qué ese instito inmediato de saltar a la yugular? Por qué juzgar con violencia sin siquiera escuchar lo que tiene que decir la otra parte?

A todos les respondí: “tranquilo, solo tengo que llamar y ya! eso no es un problema, no me van a poner ningun problema”. Y así fue, una llamada y me cambiaron el vuelo a uno que mejor me conveniera. Sin pelea, sin problema, sin alegato, sin reclamo. Por el contrario, con una voz amable, tranquila, paciente, y compresiva. Lo triste es que quien administraba mi vuelo no era una aerolínea Colombiana… todos me dicen (y yo también creo) que esta entrada hubiera sido diferente de ser así—-posiblemente me hubiera tocado pelear.

¿Cómo esperamos tener paz, si los niños de la casa crecen escuchando de los adultos tantas frases de odio y tan pocas acciones para hacer del país un lugar mejor?

Nos quejamos mucho, y hacemos poco…. Si los adultos son los que dan ejemplo, ¿qué ejemplo estamos dando?

Con razón uno oye a tanto pelado de hoy en dia, odiando todo y a todos, sin ni siquiera conocerlos.

One thought on “En mi casa no me enseñaron a odiar”

  1. Viendo las cosas desde el otro lado de la ventana, de quien estuvo allá y volvió y lleva un rato viviendo de nuevo acá, te puedo decir, con conocimiento de causa que la actitud te cambia.
    Yo me he vuelto supremamente paciente con algunas cosas, pero otras logran sacarme la piedra completa.

    Perfectamente puedo esperar 10 minutos a que me atiendan en un banco, ya después empiezo a hablar duro, a decir que son unos ineptos, que quiero cancelar mi cuenta… y es AHÍ cuando me atienden. La gente aquí perdió la costumbre a hacer las cosas amablemente. Si me preguntas cuántas veces he estado haciendo fila para algo (cine, teatro, Transmilenio…) y no haya viso 1-2 colados, te voy a decir que ninguna.

    El sólo hecho de montarse en un carro y manejar de nuevo en el país del Sagrado Corazón. Soy consiente que el hecho de ir entre un carro está ayudando a trancar mas la calle y por eso ahora ando en bici por todas partes. Pero cuando me subo al carro, y veo que una serie de bestias se van en contravía por una calle de doble sentido por ganarle a todos los “bobos” que estamos esperando a que cambie el semáforo, le pido a los angelitos del cielo que manden una tractomula por el otro carril y se los lleven por delante… por aquello de la “Selección Natural”.

    Si, este es el mejor vividero del mundo, el paraíso terrenal, lo malo es que hay mucha fruta picha que se parrandea a las demás.

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