Cursos en línea o ir a la Universidad

La educación en línea ha sido, en mi opinión, uno de los mejores usos que se le ha dado al internet. Uno puede aprender de todo, desde cursos informales como tutoriales caseros, hasta certificaciones universitarias.
En un caso particular, cursos en línea han permitido que muchas personas desde diferentes ubicaciones geográficas y con diferentes posiciones económicas, adquieran educación formal con calidad de universidad. Algo que muchos no hubieran si quiera soñado tener.

Estudiar en línea tiene enormes ventajas: la posibilidad de tomar cuantos cursos uno quiera, estudiar en el horario que uno pueda, y sobre todo una variedad de fuentes de donde uno puede aprender desde la comodidad de tu casa. Una persona que cuente con suficiente autocontrol para se constante y honesto en sus cursos en línea goza de todas la ventajas sin duda.

Sin embargo, aunque soy una fiel partidaria de la educación el linea, creo que no es para todo el mundo, y estoy convencida de que bajo las circumstancias de lo que es posible (económica y geográficamente), la educación presencial deber estar de primera línea en la decisión de un recién graduado de colegio.

Valga la aclaración que mi pensamiento viene de una posición privilegiada en la que tuve la oportunidad de ir a la universidad (*ahem* SIGO en ella). En mi época de pregrado no habían cursos en línea así que no había esa opción. Hoy día es diferente, y la verdad es que los cursos en línea son convenientes y económicos. A raíz de eso es que hago esta reflexión (bueno y por aquello de que el caso me toca cercano al corazón por cualquier cantidad de frentes).

Mi posición se reduce en una sola característica: las incontables e impredecibles oportunidades de interacción social que ocurren en una universidad, cosa que los cursos en linea nunca van a tener aunque pongan video conferencia o chats.

Hay un valor innegable que resulta de las interacciones sociales. Cuando uno tiene 17 años y acaba de salir del colegio, uno ha vivido en una burbuja escolar completamente dirigida por la junta de padres, el consejo de profesores y el ministerio de educación. Leer libros, hacer tareas, sacar buena nota. El círculo social del colegio se componen de unos profesores (que uno no admira ni aprecia mucho—por cosas de la edad) y un grupo de compañeros de colegio que han vivido lo mismo que uno, osea básicamente nada.
Todo eso cambia por completo cuando nos llega la hora de ser adultos y enfrentarnos al mundo real. La universidad te lleva a una sociedad con personas de todo tipo de familias, culturas, tradiciones, posiciones economicas, experiencias y edades. Por cosas de la edad, uno empieza a admirar y apreciar a sus profesores, y los compañeros de clase son tan variantes que de todos se aprenden cosas diferentes. Uno crea relaciones sociales.

Puedo decir que las conversaciones mas interesantes, mas enriquecedoras, y más fijadas en mi memoria no ocurrieron en su mayoría en un salón de clase. En la universidad no solo aprendí sobre mi profesión, sino también de manualidades, musica, deportes, artes, y de cómo hacer para que mis papás me dieran permiso hasta más tarde (nunca funcionó por cierto).

Mis relaciones sociales viven todavía. Esas relaciones son las que me abrieron puertas para estar donde estoy (Y yo se las he abierto a unos tres más). La universidad me enseñó de trabajo en equipo, de identificar el lastre, de priorizar mis actividades y mis responsabilidades, del valor de llegar a tiempo a clase. La universidad me mostró que los profesores también son seres humanos, y no solo una enciclopedia de información, y que ellos saben a veces más que los libros (ellos saben los trucos, las técnicas, el estilo). La vida de universidad me enseñó que en el mundo hay gente que no le gusta la computación y le tienen aberración a la programación (¿quien diría??!!). La universidad me enseñó tolerancia por las personas que no piensan como yo, no les gusta lo que a mi, y que toman decisiones que a mi no me parecen. La universidad me enserñó que el mundo está hecho de personas y que son las personas las que cuentan, y no sus titulos. La universidad nos prepara entre otras cosas, para la vida corporativa, no necesariamente en lo que sabemos, sino en quien somos.

En la universidad conocí gente con habilidades que nunca tendré, pero tuve la oportunidad de aprender de ellos las cosas que los apasionan. Hoy esas personas son profesionales, contactos de mis redes sociales, amigos que con la distancia se convirtieron en una foto de perfil, pero de los que aprendí muchas cosas. Nada de eso hacia parte de mi pénsum academico. La univesidad me llenó de historias para contar en agazajos sociales, como de aquella vez que nos quedamos trasnochando en las salas de computo y una chucha nos sacó pitados a las 3am, ah! y los apagones en la mitad del examen de algoritmos. Historias de eventos que de alguna manera me hicieron crecer como persona.

La universidad me enseñó (me sigue enseñando) pensamiento crítico, y no era un curso de mi pénsum académico, sino porque por 6 (más bien 17?) años tuve discusiones significativas e inteligentes con compañeros y profesores. No necesariamente en el salón, sino en la cafetería, en el teatrino, en “bienestar” (es un sitio—no hay que entenderlo para captar la idea), o a medio día de una bandeja paisa (o era una partida de pool?) en la “patada de la mula” (otro sitio—la idea es la misma).

No es el cartón lo que me dio la universidad sino convertirme en adulto responsable, profesional ético, hacerme un ciudadano del mundo, un ser útil para la sociedad. Sigo fiel partidaria de los cursos en línea, pero como muchas cosas en la vida, hay etapas que uno tiene que quemar, y para la vida universitaria, los cursos en línea es una forma de saltarsela. Y yo creo que no vale la pena saltarsela cuando se tiene la oportunidad de ir a la universidad.

Ah si, a muchos la universidad no les sirvió para nada… o al menos eso creemos. Pero nos sirvió a nosotros para al menos ver que no todos son como uno.

Y aquí una memoria en honor a la nostalgia (Lolo come chistris a las 3 de la mañana y un meteorito de boñiga viene a caernos)

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