Una bienvenida a la maternidad

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20 horas de parto trajeron a mis brazos a nuestro pequeño bundle of joy. El, tan pequeñito y tan indefenso, tan dependiente de nosotros, tan en blanco, tan nuevo, tan inocente e inconsiente, tan completo, tan perfecto… no alcanza a imaginarse lo que significa para nosotros tenerlo allí.

Las últimas semanas del embarazo las pasé preparándome para su llegada. Todos los días pasaba por la lista de chequeo asegurándome que no nos fuera a faltar nada. No se cuantas veces empaqué y desempaqué la maleta del hospital; quizás la misma cantidad de veces que miré y reacomodé las tantas minusculas píezas de ropa mientras soñaba a esa pequeña persona usándolas.

Dicen que las mamás tienen esa amnesia de parto que después de que ven a su hijo se les olvida por completo el dolor que acabaron de pasar… porque es la única explicación a tener más de un hijo. Es verdad.

Hay días en los que me parece irreal, no me lo creo que hayamos creado a esa persona chiquita que ahora comparte su sueño al lado de nuestra cama, que reposa entre mis brazos y que cena de mi pecho. A veces no me lo creo, me maravilla verlo, asombrarme de que la ropa ya le vaya quedando chiquita, que con el paso de los días él vaya cambiando y me vaya cambiando a mi.

Es toda una nueva vida, aprender una nueva rutina, tener nuevas actividades. Aceptar que los platos están sucios en el lavaplatos y que hace 3 días no saco la ropa de la secadora. Que mi sala ahora es un tapete de juego, que hay juguetes por todas partes y estaciones de cambiar pañales encima del comedor. Que mis días y mis noches ya no dependen de la posición del sol sino de si el bundle of joy tiene hambre y sueño. Aceptar que esa risa que se fuga no es más que un reflejo, pero añorar el momento cuando esa mueca sea una respuesta asociada a alguna felicidad. Aceptar que mi nuevo perfume es una mezlca entre leche materna y talco de bebé, que mi ropa favorita es la que pueda desabrocharse al frente con facilidad y que nunca antes me importó menos estar sin maquillaje. Mi nueva vida es la que ahora compartimos con él.

Jamás me sentí más cerca de mi mamá como en este momento, sólo me imagino lo que ella sintió cuando me tuvo a mi entre sus brazos—por fin puedo entender lo mucho que ella me ama—aún.

Esta es mi aventura, la que comienza y no tendrá final, porque ahora que soy mamá no me cambio por nadie.

Mi vida con David

banner-2Es cierto eso que dicen que cuando uno tiene un hijo ya todo se vuelve en torno a él. Es inevitable, mi vida ha cambiado para darle paso a nuevas experiencias, nuevas cosas, nuevas ideas… otros puntos de vista que se han abierto para mi y otros más que seguirán viniendo. Algunos posiblemente cambiarán mi modo de pensar, otros serán temas que ni siquiera había considerado hasta ahora. De todo ello se llena mi vida ahora, todo un mundo desconocido pero explorado por muchos. Una vida llena de “sigue tu instinto” que todo es a prueba y error, cruzar los dedos y esperar lo mejor.

David solo tiene 3 semanas y es evidente que se ha vuelto mi nuevo tema para continuar escribiendo. Pero David es mas que otra categoría y no creo que es justo con mi miscelánea cambiar su escencia y ahora volverlo todo acerca de mi nueva vida como mamá.  Para él he abierto un nuevo blog, uno que sea sobre mi vida con mi mini-yo (debería decir mini-nosotros, sería lo más justo), uno que tenga su propia escencia, su propia razón de ser. Las crónicas de una madre primeriza, mi aventura que no tiene fin.

¿Qué será de ésta miscelánea? Ya el tiempo lo dirá.