El pecado de la leche de tarro?

Uno se cansa de leer y de escuchar a todo el mundo decir todos los beneficios de la leche materna y al mismo tiempo una presión para evitar a toda costa la fórmula (o “leche de tarro” como la conozco yo).
Si, no desconozco que lo mejor que le puedo dar a mi hijo en términos de alimento es mi propia leche y hago todo lo posible para que ese sea su alimento constante y exclusivo. PERO lo que mi hijo realmente necesita, lo mejor que yo le puedo dar, es la mejor versión de mi misma…  Y a veces,  esa versión mía está agotada del trasnocho, abrumada con la realización de su nueva vida y a veces incluso algo deprimida….  Y es allí cuando debo decidir que mi hijo puede tomar un poco de fórmula, porque mamá necesita un descanso, dormir y recuperar la compostura para darle a mi hijo lo que realmente necesita: a mamá.

Yo sé que no estoy haciendo nada malo, y que darle a mi hijo fórmula no es un pecado. Ojalá la gente dejara de juzgar, solo uno que es la que da leche sabe lo que de verdad es. Y para algunas cumplir con el exceso de leche no es pan comido.

La marca de los 3 meses

Han pasando tantas cosas en estos 3 meses y a la vez todo ha sido tan rápido que entiendo cuando la gente dice que hay que aprovechar porque “se crecen muy rápido”.
Llegar a la marca de los 3 meses fue como esa primera semana que llegamos del hospital. De repente mi repolludo solo quería dormir y comer todo el día.  Se enojaba conmigo por mi falta de leche que ya no daba a su demanda, y yo trataba de consolarlo.  Pero esa es la marca de los 3 meses y su pico de crecimiento, el esta preparándose para dar un salto en su crecimiento y necesita más comida de la que podía ofrecer en ese momento.  La solución? No es darle fórmula (a no ser  que el caso sea extremo) sino estar allí con mucha paciencia y darle todo lo que se pueda de pecho exclusivo.  La razón? De hecho es muy simple, si él necesita más comida mi cuerpo tiene que proveerle y la leche materna es un proceso de producción por demanda, entre más demande leche el bebé más leche producen los senos, asi que reemplazar esa necesidad con fórmula solo hace que el cuerpo no se entere que es hora de producir más.
No fue fácil…  Aún no lo es, estaba cansada,  trasnochada y a veces frustrada, tuve que tomar un alto en el camino y ceder a una que otra fórmula para rellenarlo porque estaba perdiendo los estribos, me iba a enloquecer. Pero si el no comía yo me la sacaba, porque sea como sea el mensaje era “producir más leche” y bueno tratar de mantenerme hidratada…  Que semana.
(De hecho creo que aún no salimos del todo)
Está enorme mi repolludo. Y lo rico que es ver como el va cambiando. Por ejemplo ya no quiere estar acostado ahora quiere ver el mundo sentado.  Dentro de poco estará haciéndolo solo.
Estoy anonadada.

Las primeras seis semanas

Parece increíble pero después de seis semanas muchas cosas cambiaron desde que llegamos a casa con esos 3 kilos de nueva responsabilidad en los brazos (6 semanas no son nada! en la univerisdad apenas si uno va a entrar a primeros parciales). Pero en la vida de nuestro pequeño bultico de carne y huesos 6 semanas lo fue todo!

Mi mayor reto, del que más me preocupaba, la lactancia. Para esas seis semanas ya mi repolludo y yo ya nos conocíamos. Por su parte él ya habría aprendido dónde quedaban los pezones de mamá y cómo los tenía que apretar para que le saliera su único sustento. Por mi lado ya sabía como sostenerlo, ponerlo frente a mi y traerlo a mi pecho para que en un solo movimiento el pudiera encajarse a comer. A las seis semanas ya no tenía que preder la luz del cuarto, la tenue luz de la pantalla del celular era suficiente. Hoy día somos unos PRO, podemos hacerlo a oscuras y a veces, con los ojos cerrados… ambos!

Otra cosa maravillosa de las seis semanas es el patron de dormir—y me refiero al mio. Los primeros días dormir en porciones de una o dos horas era una agonía, me la pasaba agotada, somnolienta, sin mencionar toda la presión de mantener vivo al repolludo. A la vuelta de las seis semanas mi cuerpo había aprendido a dormir eficientemente. ¿Tocar la almohada y quedarme dando vueltas? ya no, ahora dormida fija, ¿una siestica de 1 hr en la tarde? por supuesto. ¿Reanudar el sueño a las 3 a.m.? claro que si!

Creerlo o no, pero a las pocas 6 semanas ya hay una rutina, inmadura, no muy constante, pero está ahí. Empieza uno a decifrar la cantidad de horas que duerme, puede uno predecir que ya es hora de comer, y de alguna manera uno empieza el segundo nivel de la maternidad (y paternidad): decifrar los llantos del bebé. Ya existe un vestigio de rutina, suficiente como para planear una salida medianamtente puntual.

Es otra persona, ese bultico de carne, redondo, estropeado, amagullado, hinchado, que no coordinaba, hace seis semanas, a la semana 6 tiene una carita más de persona, una cabeza mas redonda y menos de huevo, un cuerpo cada vez menos en posición fetal, unas manos abriendo y cerrando, y unos ojos que empizan a cambiar de color. El repolludo a las 6 semanas ya había aumentado cerca de 1 kilo y era 8 cm más largo. Las heridas de su nacimiento (algunos pequeños hematomas) ya se habían desaparecido.

Nuestra vida era como si hubieramos hecho esto por años, a las 6 semanas uno ya cambia pañales con destreza profesional, y el baño ya dura 10 minutos con shampoo incluido. A las seis semanas la producción de leche se había establecido, y la hinchazon abdominal ya no existía(*). A las 6 semanas volví a mi ropa pre-embarazo (Valga la pena anotar que ya era gordita y no subi mucho peso durante el embarazo por lo mismo).

La dieta“, la famosa dieta también se acaba en la semana 6, pero esa se merece su propia entrada.

6 semanas…. apenas, todo lo que le falta al repolludo por vivir.

(*) Aquí va una perla de cultura: Si usted va de visita a una casa donde una mujer acaba de dar a luz hace un par de días, no le diga (ni en broma) que parece que tuviera otro bebé guardado---mientras apunta a la inevitable barriga que uno tiene del embarazo. Un comentario de esos es de pura ignorancia, mal gusto, y no ayuda a nada. True story.

Control del primer mes

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05/Sep/2015, David cumple 1 mes y es momento de su control médico

“Mira esos cachetes!!! y esa papada!!!! y esas piernas!!!! Eres un regordete! Si si si… eres un regordete hermoso” – Le juega la Dra. en nuestra cita de control mientras lo examina.

Uno que lo trata cada día con tanto cuidado, hace malavares para meterle las mangas del mameluco, y pasarle el cuello sin lastimarlo. Abrochar el pañal es una lucha con esas piernas que no dejan de patear y uno con paciencia ruega porque con ese pañal a medio abrochar no vaya a salir un chorrito. Las mediecitas, con que cuidado uno las pone en esos piecitos para que no se le lastimen los deditos, y bañarlo…

Todos esos pensamientos se me vienen la cabeza mientras la Dra. lo examina. Le aplasta la cabeza con los dedos para sentir si “está cerrando” su cabecita. Le toma las piernas se las estira, se las abre, se las dobla, lo gira, para revisar que su cadera no-se-que. Le revisa sus genitales, se los “amasa”. Le pasa los dedos a sus manitas, y el gordito se las agarra, para que ella lo levante unos milimetros y los suelte, y claro! el cae asustado, le esta revisando los reflejos. Le toca los cachetes y el persigue ese dedo como si fuera a comer… mas test de reflejos. Lo voltea, lo mira, lo soba,…. le juega mientras tanto, trata de que no le llore… y le pone ese estetoscopio HELADO en el pecho (momento capturado por papá).

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“Eres un bebé regordete perfecto, hermoso!” – Termina el examen la Dra. mientras yo respiro y me dispongo a vestir a mi repolludito. Que alivio, después de todo nuestro instinto ha funcionado hasta ahroa, lo estamos haciendo bien.

Ultimatum

Hay decisiones dificiles en la vida, otras simplemente son complicadas, y otras es solo cuestión de pensarlas… pero sin duda, no importa la decisión, siempre es más difícil tomarlas bajo la presión de un ultimatum.
No todos los ultimatums son malos, a veces uno los necesita, sobre todo en este caso en donde tomar una decisión implica muchas variables, muchas personas y un alto grado de incertidumbre. Donde “llego la hora de decidir” es la frase.

No es fácil presentar una carta de renuncia al trabajo ideal. Así sea una renuncia temporal o una gestión administrativa, no es fácil entregarla. Hay demasiada incertidumbre en mi vida, en mi futuro, en nuestro futuro debo decir. Mi familia somos cuatro, cuatro vidas que cambiaron. Mi vida es otra, las cosas han dejado se ser lo de hace tres años, tengo nuevos sueños (sueños compartidos), nuevas metas, tengo un nuevo panorama del futuro que queremos alcanzar.

Quizás ese ultimatum me hizo un favor. Ahora he cortado el último hilo que me quedaba de mi vida sola. Es hora de empezar a tejer de nuevo.

Postparto

Antes de tener a David leí mucho.

“Los próximos 3 días van a ser emocionales para ti, así que no te vayas a angustiar, es un proceso normal” me dijo la enfermera mientras nos daban de alta en el hospital.

Fui advertida por los libros, los post y el curso prenatal. Pero creo que cada mujer vive el postparto de manera diferente y para cada una es una experiencia que no se puede comparar.

La mia fue una mezcla de emociones, la combinación de estar feliz y al mismo timepo abrumada. Por una parte saber que era realidad que nuestro bebé ya no estaba adentro mio dando pataditas sino que ahora parpadeaba y pateaba entre mis brazos. Darle una cara y un nombre a mi garbancito (el apodo de todo el embarazo). Transochar, o no dormir del todo. Está respirando?. La tarea de amamantar, yo sin saber si estaba haciéndolo bien y el sin poderme decir algo. No tener a mi mamá conmigo. Abrumador, aterrador. La realidad era una y era clara: estamos solos. Él y yo, prueba y error, mera intuición, a lo que pudieramos recordar de haber leído y escuchado, solos con un bebé en los brazos en un país lejos de todos.

Debo aceptar que el sistema médico canadiense es un paraíso para las madres primerizas (y para los padres también, pero seamos claros, las mamás pasan por otras cosas más dificiles que tienen que ver con las hormonas). Los detalles serán para otro post, pero en resumen hay una enfermera que está pendiente de nosotros, nos llama, nos da vueltica, nos hace seguimiento. Y digo “nos” porque no es solo al bebé sino a la mamá también.

“Cómo estás? Cómo te has sentido?” — Me preguntó Lisa, nuestra enfermera.

“Bien—- creo” respondí con toda la confianza que uno tiene de madre primeriza… osea ninguna.

Me hizo varias preguntas, conversamos brevemente sobre David, sobre lactancia, el dormir y los pañales .

“Voy a pasar a visitarte” terminó diciendo

Todo lo que leí, todo lo que me dijeron, todo lo que he escuchado… nada me preparó para ese momento. El postparto, el verdadero postparto, lo sentí cuando la enfermera me dijo en palabras más, palabras menos, que David estaba deshidratado y que estaba un poco jaundice (amarillo). No era mi culpa, por supuesto que no lo era, estas cosas pasan todo el tiempo.

Ella me abrazó porque me vio la cara de angustia, de culpa, y mientras me decía que eso era normal, que pasaba mucho, que es parte del proceso, yo simplemente me largué a llorar. Ella y yo sabíamos que no importaba nada que ella me dijera, las ganas de llorar ya se habían apoderado de mi y solo nos quedaba esperar a que se me pasaran.

Esa no fue la única vez que lloré ese día. La segunda vez fue en el comedor y esta vez le tocó a Él, impotente de no saber cómo consolarme, no me dijo nada, solo me abrazó. Era lo único que necesitaba. Me sentía culpable, un fracaso de no poder estar alimentando a mi bebé bien, de que estuviera deshidratado, de que estuviera jundice porque no estaba haciendo pañales sucios por lo mismo que no estaba comiendo bien. Mi pobre hijo estaba al cuidado de una incompetente—me decía. La parte de mi cerebro que racionalizaba estaba de viaje porque ahora es evidente que  yo no estaba pensando inteligentemente. Pero en ese momento, yo era solo hormonas.

Todo resultó bien, al otro día me armé de razón, fui yo de nuevo, luché contra mis hormonas y salimos adelante. Y aunque pasamos la noche en el hospital, con David bajo la luz ultravioleta y yo alimentandolo cada dos horas, el jaundice se desapareció y ahora tengo un gordito hermoso, rosado, que come muy bien.

No pensé que sufriría el postparto, y aunque se que mi experiencia no fue mala como la de muchas otras mamás solo me queda decir que en ese momento uno no es uno y quienes están alrededor juegan un papel vital para superarlo.

David tiene un sensor de proximidad

Fuera de charla… juro que David tiene un sensor de proximidad. Puede estar completamente fundido del sueño, haber sido arrullado por mas de 30 minutos, dormido en el sofá, en el piso, en nuestra cama, en el coche, en donde sea… pero cuando lo acercamos a SU cama/corral, el sensor de proximidad le avisa que hay que despertarse… lo juro!