¿Es fácil entonces hay que hacerlo? yo digo No!

Vengo notando como cada vez somos bombardeados por todas partes con una cultura de lo fácil. Anuncios de propaganda por toda parte: baja de peso fácil, gana dinero fácil, con estos 10 tips lograrás _______  fácil, sigue esta guía y podrás ______ fácil.

Hemos reducido y puesto en un lugar completamente indeseado el hecho de conseguir y lograr las metas y los objetivos con verdadero esfuerzo, el valor del sudor de la frente, el tener que poner  aquí y sacrificar allá con el propósito de conseguir lo que queremos. Por todas partes se nos dice que si te estas esforzando lo estás haciendo mal, que tienes la opción de hacer las cosas sin esfuerzo.

¿Por qué?!

Si quiero bajar de peso tengo que hacer ejercicio, por meses! comer saludable por siempre, tener mejores hábitos de vida. Si quiero ganar dinero, tengo que ser consciente con la forma en la que gasto, buscar formas alternas de ingreso, crear, invertir, ahorrar. Si quiero ser famoso, bueno pues tengo que hacer lo necesario para poder resaltar entre la multitud. Si quiero una idea millonaria, tengo que invertir tiempo a pensar y pensar y pensar. Y si quiero se la mejor en una habilidad, tengo que estudiar, y practicar, practicar y practicar.

Me pregunto por qué queremos que nuestros hijos tengan las cosas fácil? Yo no quiero! Yo quiero que mis hijos no solo aprecien el esfuerzo de sus padres, sino que además comprendan que la vida está llena de esfuerzos de diferentes tipos, en todas las escalas, y que de vez en cuando a uno lo acompaña la suerte y las oportunidades inesperadas. Pero que no se sienten a esperar.

Pero nuestro peor enemigo somos nosotros mismos como padres. Queremos darles todo, queremos que disfruten de todo. Es un pensamiento optimista, lleno de buenas intenciones, pero un arma de doble filo.

Quizás mi posición suene hipócrita. Mis papás me dieron a mi y a mi hermana muchas cosas que ellos no tuvieron. Pero en mi defensa, no solo la forma en la que lo hicieron fue muy inteligente, sino que además ellos son mis papás, y la forma en como ellos decidieron criarnos fue de ellos, y de ninguna manera es o tiene que ser la mía. Naturalmente, esa forma a moldeado la persona que soy, pero también me dieron las herramientas para decidir por mi misma y ser diferente. Ellos me enseñaron a que tengo que ser yo misma, no ser como nadie más, incluso como ellos.

Mis papás en medio de darme todo lo que no tuvieron, me dieron algo mucho más grande, la enseñanza de que el esfuerzo tiene su recompensa, que las cosas no son gratis, que las cosas fáciles, fácil llegan y fácil se van. Mis papás nos dieron mucho, nos dieron todo, pero mientras nos daban, nos enseñaron que las cosas de la casa son de todos, que no hay que desperdiciar, que la comida no se bota, que el agua y la luz cuestan, que mamá y papá trabajan para poder mercar. Que si quiero comprarme algo, tengo que ahorrar. Que si voy a comerme algo tengo que pensar en los demás. Que hay que compartir. Que hay que ser considerados con todos en la casa. Y que la casa es de todos y todos tenemos que ayudar (si no va a recoger, no haga desorden)

Yo creo en el trabajo, el esfuerzo y la recompensa que los acompaña. Me enorgullezco de decir que llevo casi cinco año en un programa doctoral, de los cuales dos últimos años los he invertido (en mínimas dosis) tratando de escribir mi tesis, porque NO ES FÁCIL, ni escribirla, ni hacerlo en mis condiciones particulares de vida, y porque en esencia si fuera fácil todo el mundo tendría un doctorado. Me lleno de orgullo de tener la autoridad moral de decir que a vida no me ha regalado mis logros, que muchas de las oportunidades que se me han presentado las he aprovechado,  y que todo lo que tengo y todo lo que soy, ha sido producto de un incansable esfuerzo de mi parte, y una fe sin medida de mis papás: quienes todavía, a mis 33 años y en crisis de tesis doctoral siguen diciéndome que todo mi esfuerzo vale la pena y que lo voy a lograr.

Me retuerce por dentro cuando oigo personas esperar  algo rápido y de poco esfuerzo, dinero inmediato, fama de la noche a la mañana, o que aparezca una idea que los haga millonarios.  No niego que hay momentos, oportunidades, y golpes de suerte; y que el mundo esta lleno de personas excepcionales que logran con el aparente “poco esfuerzo” tener mucho, tener más que todos. De esos seres excepcionales nadie sabe a ciencia cierta lo que esas personas han hecho, sus esfuerzos, sus sacrificios, las horas invertidas. Nosotros solo vemos el final de sus metas: lo lograron, son famosos, son ricos, son unos genios. Me gusta cuando veo videos y testimonios de estos grandes del mundo, contar como iniciaron, contar como empezó todo en sus vidas, porque eso me ha dado perspectiva para entender que aún lo que son más y más tienen, han tenido que esforzarse.

El mejor jugar de fútbol lo es porque ha entrenado por años, por horas, y con dedicación. El mejor compositor del mundo, ha escrito cientos de obras, ha lidiado con el rechazo, y ha tenido que aprender sobre composición. El mejor escalador del mundo se levanta temprano y entrena y entrena. Los fundadores de las grandes empresas de tecnología empezaron tirando código hasta la madrugada, en un garaje, en un sótano, crearon miles de aplicaciones, crearon millones de lineas de código inútiles y perdieron mucho tiempo. Aún el youtuber más famoso, o el que tenga millones de vistas, pasa horas grabando, editando, y creando los videos, pensando en nuevos temas para sus videos, buscando maneras de llegarle a las personas (que algunos sean una completa basura es discusión para otro post, pero no puedo no mencionar que youtube está lleno de cientos de canales impresionantes, bueno, educativos, e interesantes).

Espero poderle inyectar a mis hijos que si quieren algo, hay que trabajar por lograrlo; y que nada está garantizado en esta vida, incluso sus padres. Espero darle a mis hijos las herramientas que mis papás me dieron a mi. Posiblemente llegue a ellos de otras maneras, después de todos, somos personas diferentes, en lugares diferentes y en tiempos diferentes.

Ser buena mala madre

Como hija yo pensaba (hace muuuucho tiempo) que ser buena madre era complacer todos mis deseos y necesidades. Luego, pero también hace tiempo, yo pensaba que ser buena madre tenía que ver con lo mucho o poco que mi hijo llorara.

Si, capitán obvio, ya se que no, pero hay sentimientos y expectativas con esto porque uno crece conociendo una sola familia: la de uno! que es lejos de perfecta, que la mamá de uno es la peor de todas, y que las mamás de los amigos de uno son las chéveres, dulces, buena gente y alcahuetas. Si, yo no tuve mamá alcahueta (yo creo que con mis tías era suficiente para una sobre dosis). Encima de todo uno ve películas, lee libros y conoce esas mamás de Pinterest que tienen tiempo para hacer de todo (EN SERIO!???? es tema para otro día) y uno allí en la casa con el chino llorando y haciendo pataleta porque la máquina de burbujas se le acabó el jabón y no hace más burbujas. En esos días uno se cuestiona.

Lo lindo de ver a mi hijo crecer, es realmente verlo. Y así lentamente en 17 meses ese ser que solo miraba al techo, ahora habla, grita, da besos, dice gracias, corre, hace pataleta y estoy convencida de que entiende lo que le estoy diciendo, lo que me hace sospechar de que incluso me ignora a voluntad. Y hemos llegado a ese momento en su vida donde el es extremadamente dulce y al mismo tiempo extremadamente cansón. Para él debe ser una frustración que su cerebro aún no sepa componer las palabras para pedirme algo y que en respuesta solo pueda grita ‘ete’ mientras llora y pataletea, señalando las 100.000 cosas encima de la mesa mientras yo le ofrezco una a una y el dice ‘no! ete’…… Ohmmmmm pacientemente paso por todos, hasta que llego a mi celular y digo, ‘no hijo, lo siento no te lo voy a pasar, este no es un juguete’ (ahhh lo que el quiere decir con ‘ete’ es ‘jugete’!!) y empieza el berrinche. Toda madre/padre se ha encontrado en la misma situación y hay dos opciones, (1) darle el celular para que deje el berrinche, o (2) aguantarme el berrinche. Mi vecina me ha preguntado en dos ocasiones que si mi hijo está enfermo o algo  porque lo oye llorar a diferentes horas. Como era de esperarse, en casa mi opción es la (2)—–usualmente.

Ja! me da risa que mi vecina, cuyo hijo es 5 días mayor que el mio debe pensar que soy la peor madre del planeta porque dejo a mi hijo llorar, pues cuando le dije que él estaba bien y solo era una pataleta, me dijo con cara de angustia que ella no dejaba llorar a su hijo, que ella no era capaz de oírlo llorar (y me detengo en los hechos sin juzgar).

La moraleja de mi historia es que, soy buena madre, así hayan cientos de personas en el mundo que crean que dejar a mi hijo llorar es un crimen. Mi hijo llora pero nunca por falta de atención o negligencia, si llora es porque o está en dolor (los niños se caen, se golpean y se enferman, así es la vida) o simplemente mami lo está disciplinando.

A mi me toca ser la mala del paseo… como me decía mi mamá.

Y es que con los niños uno tiene que elegir las batallas que va a pelear, cierto? si no, pues demalas, he perdido una que otra y ganado la mayoría, ser mamá es jodidamente duro y a la vez extremadamente maravilloso.

Aristóteles se retuerce en su tumba con esta contradicción (el que entendió entendió, cambio y fuera)

La cocina de Garbancito

“Si mi hermanito fuera mujer te diría que sos muy sexista” Me dijo J cuando llegué a la casa con la cocina y el set de platos y ollas rosadas y moradas. Es curioso como nuestro instinto nos hace reaccionar. Ese instinto viene en parte de las cosas que nos dicen de niños y cómo éstas resuenan a medida que crecemos.

A garbancito le compré una cocina de juguete (de segunda porque las nuevas son ridículamente caras),  y un set de ollas, platos, cucharas, vasos. Pero eso no es todo.

Tiene una escoba, y a su manera el también barre y trata con su mejor esfuerzo de poner la basura en el recogedor , así sea para esculcarle lo que hay adentro y en un movimiento ninja tratar de meterselo a la boca (lo sé, que asco!).

Compré un banquito para que el se suba (realmente es para mi para alcanzar las cosas altas de la cocina jeje, nadie sabe para quien trabaja) y lo dejo acercarse a mi cuando estoy lavando los platos, e incluso acompañarme en la cocina cuando preparo algo (siempre y cuando no lo ponga en peligro obviamente).

Me gusta llevarlo a donde está la secadora, y aunque el no siempre coordine conmigo en la dinámica de cuándo es momento de meter o de sacar la ropa, me gusta que el esté allí viéndome sacar, doblar y organizar la ropa limpia.

Siempre que voy a limpiar el polvo o algún reguero traigo dos trapos conmigo, uno para él y otro para mi. Y aún cuando en ocasiones el en lugar de limpiar termine haciendo mas grande el reguero, dejo que el se involucre.

Tradicionalmente, en algún lugar de mi cerebro, lo que aprendí de niña me dice que  niguna de estas cosas las debería hacer con mi hijo varón, porque se supone que es cosa de niñas. Afrotunadamente soy mas inteligente que mis instintos. Después de todo mi responsabilidad como mamá no es criar un buen hombre, sino a un buen ser humano, que sea empático, compasivo, solidario, respetuoso, responsable y amoroso. Cocinar no tiene nada que ver con su sexo, e involucrarse con las tareas del hogar es parte de tener una sana convivencia.

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Llegar a casa

No hay mejor manera de recompensar un duro día de trabajo que llegar a la casa y que me reciba una muda y enorme sonrisa que siempre viene acompañada de unos saltos de emoción.

Por estos días estoy viviendo las frutas inmaduras del doctorado, y cuando mi alarma suena a las 5:00 no me importa si estoy en la mitad de mi momento productivo, salgo como quien espanta un loco (aka. pedo) agarro mi chaqueta, mi maleta, me monto en mi bicicleta y pedaleo rumbo a mi casa. Allí me espera ese pedacito de ser humano para que juegue con el , le de la cena, un baño caliente (asistido de papá), un poquito de comidita reconfortante, si el tiempo y el sueño lo permite, un poquito de tiempo-nuestro pegado a mi pecho, y a dormir en la camita.

Cada día de trabajo, aspiro a esas dos horas de la tarde, donde puedo meter mi nariz entre esos plieguecitos del cuello, olerle la cabeza, darle picos en los cachetes, pasarle mis manos para que juegue con ellas, que me haga “masajes” en la cabeza, me “acaricie” el pelo, y me de “besos” en donde aterrice esa boquita. Hacerle cosquillas, sobarle los piecitos y contarle los dedos, leer un cuento, leer otro cuento, cantar entre medio, arrastrarnos por la sala, jugar con el sonajero, poner a sonar una y otra vez el mismo juguete con la misma melodía.

Si antes me gustaba llegar a casa, ahora me gusta más. Ver esa expresión de genuina felicidad es como si el también hubiera estado contando las horas.

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Mi cumpleaños (sin signo de exclamación)

32 es el número de este año.

Es la primera vez, desde que tengo uso de razón, en que el cumplir años no me emocionó. Es dificil de explicar.  Él dice que es porque ahora tenemos a Garbacito y la emoción ahora es sobre su cumpleaños. Pero aún así hubiera querido sentir algo de genuina emoción. Ni siquera sentí algún tipo de anticipación.

Como dice el adagio popular: ¿será que me estoy haciendo vieja?

La última gota

Creo que de todas las cosas que he vivido al regresar al trabajo, lo que mas me entristece es ver cómo la cantidad de mi leche se disminuye lentamente. En 1 mes pasé de llenar 6oz cada 3 horas, a tener las mismas 6oz sumando toda la leche del día.

Aceptar que ya no puedo seguir amamantando a mi gordo de manera exclusiva ha sido difícil, siento que estoy perdiendo esa conexión, ese momento que sólo tenemos los dos, esa capacidad de darle de mi cuerpo el sustento, o a veces sólo el confort.

Pero bueno algún día iba a pasar…

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El sueño que se hace realidad: “Dormir”

Hay cientos de teorías sobre cómo hacer dormir a tu bebé. Unas a mi parecer son simplemente crueles, otras no me parece que tienen sentido, y una que otra califica para intentar. No se si las alcanzamos a probar todas, claramente como ésta última ya funcionó (toco madera*) no vamos a cambiar las cosas.

Como la madre primeriza que soy, y sumada a mi particular personalidad, me remito a dos fuentes de información: las mamás de mi vida (porque las mamás lo saben todo! y ellas siempre son mi primera fuente de sabiduria), y lo que haya en la literatura actual. Y valga la aclaración que “actual” ha sido una palabra clave para mi en todo este cuento de ser mamá. Como la académica que soy, yo creo en la investigacion, así que tengo la tendencia a buscar apoyo en la literatura. Bien o mal, aquí vamos.

El último libro al que recurrimos y que reveló la estrategia ganadaroa se llama “The Sleep Sense Program” por Dana Obleman (Amazon.ca, Official Website). Llegó a nuestros manos por recomendación de una de las enfermeras de nuestro health unit siendo ella una experta en desarrollo infantil. Creo que lo que más me gustó del libro es la forma en como todo se pone en perspectiva. Por supuesto, después de todo no soy la primera mamá en el mundo desvelándome para atender los llantos de mi bebé a la madrugada cada tres horas, y un poco de “no estás sola” es aliviador (eso lo tienen casi todos los libros). Lo que realmente me puso en perspectiva a mi es que no le puedo enseñar a mi hijo algo sin darle la oportunidad a que él lo haga solo. Ella pone el ejemplo típico de cómo vas a enseñarle a tu hijo a gatear si nunca lo pones en el piso. Y dado que me siento personalmente tocada con ese ejemplo gracias a la aberración de David de estar boca abajo, todo hizo clic.

El primer capítulo habla sobre la importancia del sueño—osea el buen dormir. Para el bebé es obvio que su cuerpo y su cerebro necesitan procesar todo lo que ha aprendido en el día y sobre todo necesita recargar las baterías. Actividad que según la literatura, se continua durante los primeros 12 años de todo niño (ahí luego llegan a la adolescencia y para eso uno necesita otro libro completamente diferente. Algún día escribiré lo que he aprendido de allí). Pero ese mismo descanso es igual de importante para mamá y papá — duh!.

Ahora digamos que en mis años mozos, di tu mis 20s,  4 horas de sueño eran suficiente para ser un ser humano capaz y coherente. Claramente ya no es el caso. Pero la revelación sobre el sueño para mamá y papá tiene que ver con algo mas importante que el aguante del trasnocho; y es que con ese ritmo de vida nocturna y sin mucha calidad de sueño, la relación de pareja empieza a sufrir—y yo ya estaba sintiendo que por ahí iba la cosa. Así como cuando uno lee y se siente relacionado (de nuevo el “no solo me pasa a mi” da algo de alivio). En mis manos, ese libro sería una herramienta para mejorar mi calidad de vida, la de mi bebé y por supuesto la de mi esposo.

Segundo capítulo, una introducción a lo que es el llanto. El tema del llanto es bien controversial para mi, porque creo que no tiene sentido dejar a mi niño llorando inconsolablemente hasta que pierda toda esperanza y se quede dormido— o bien llamado, el método de “dejarlo llorar”. Me gusta este capitulo porque es muy honesto, y aún cuando inevitablemente mi hijo tiene que llorar porque no sabe hablar todavía, es importante que YO siendo su madre, entienda el por qué está llorando y cómo yo debo lidiar con su llanto. De nuevo, algo de perspectiva: mi hijo va a llorar en muchos momentos durante su vida y punto, es su forma de reclamar ante el cambio, es su manera de protestar, es su forma de llamar a mamá en la noche, es su forma de decir que tiene hambre, está cansado, está aburrido, está incomodo, algo le duele, finalmente es su forma de comunicarse. Yo soy el adulto, no puedo ignorar su llanto, pero eso no significa salir corriendo cada vez que lo hace—a menos que su vida esté en peligro obviamente. El llanto estará allí y yo tengo que descifrarlo para saber qué hacer.

Los siguientes capitulos son un paso a paso lleno de estrategias, posibilidades y variantes para uno adoptar, pero que dejan en claro el objetivo de cada etapa y cuanto te demoras en ella. Como todo, cada quien toma lo que necesita y arma su propia estrategia. Mi parte favorita es las secciones de “qué hacer cuando no sale como uno espera”.

Entonces como funciona la cosa?

Primero lo primero, y es crearle al bebé una rutina.

Una rutina constante que el relacionará con su hora de dormir, de manera tal que con el tiempo el pueda predecir qué es lo que viene. Para nosotros incluye, baño caliente, música, pijama, cuento, y un rato abrazados bailando suavemente al son de la musica de cuna. Un par de besos, “buenas noches” a todos los presentes, un “te amo”, y a la cama. Y en este punto todo depende de el estilo de padre que uno es y puede ser, y básicamente lo que uno puede soportar. Para algunos significa dejar al bebé e irse, para otros es quedarse a su lado, para otros es ir cada 10 minutos a proveer consuelo… lo importante es hacer lo que a uno lo haga sentir cómodo, siempre y cuando se respete el objetivo: que el bebé aprenda a dormirse por el mismo, así que no se vale dormirlo en los brazos, pues de hecho es todo lo contrario. Esa  fue la lección mas importante para nosotros, porque al cabo de 5 meses habiamos creado una dependencia mutua a dormir juntos. Ahora “dormise por si mismo” significa retirar de la “rutina existente” todo objeto o persona del que David dependía para dormirse y que el no pudiera controlar. Y así quedó el solo en la cuna sin chupo, sin papá abrazandolo, y sin la teta de mamá, pero con un muñeco, uno fijo que nunca deja la cuna y al que el puede recurrir para abrazar y dormirse.

Segundo, irse a la cama temprano.

El objetivo de sueño de un niño de 0 a 12 años es estar dormido entre las 7pm y las 8pm, por dos razones importantes: (1) la cantidad de sueño necesaria para ellos es de 10 a 12 horas aproximadamente; y (2) mamá y papá necesitan tiempo para ellos. Por experiencia propia puedo confirmar que no importa a que horas acostabamos a David, muy a las 7am estaba él listo para arrancar el día. Creer que entre más tarde lo acuestes mejor, o al contrario que si lo duermes temprano se levanta temprano, no es verdad. Puedo dar fe de ello. La primera noche no lo podíamos creer, a las 7:30 David estaba dormido y por primera vez en 5 meses nos pudimos sentar en la sala con crispetas a vernos una pelicula…. y nos vimos dos.

Tercero, entender los ciclos de sueño.

Cada persona se despierta al menos cuatros veces en la noche, y los bebés no son la excepción. Lo que pasa es que ya aprendimos a dormirnos, nos damos la vuelta, acomodamos la almohada o las cobijas, vamos al baño, o lo que sea, pero volvemos a dormirnos. Ni siquiera somos conscientes de todas las veces que nos despertamos pero lo hacemos. O ¿quién amanece siempre tal y como se durmió? He ahí la importancia de aprender a dormirnos solos. Los bebés igual, y dice la teoría que 10 minutos es lo máximo que nos toma quedar en una posicion comoda y volvernos a dormir. Así que cuando uno oye al bebé tiene que esperar 10 minutos antes de ir a ver que es lo que pasa, a ofrecer consuelo, algo de comer, un arrullo y vovler a dormir. Al principio puede que las visitas sean frecuentes, despues de todo el bebé está aprendiendo a dormirse, pero con el tiempo ya los 10 minutos se vuelven 7, 5, y a veces 1 minuto.

Cuarto y último, las siestas del día son tan importantes como las de la noche.

Creer que tener al bebé despierto hasta el cansancio hará que se duerma mejor es un error y tiene sentido si pensamos que nosotros mismos cuando estamos exhaustos pasamos una pésima noche. Durante el proceso de enseñarle a dormir, las siestas son igual o incluso más complicadas que la hora de irse a dormir. Técnicamente por cada 2 horas despierto deberia haber aproximadamente 1 hora de siesta… esta es la hora en la que David duerme típicamente 20 minutos de siesta. La siesta tiene muchos retos, pero el más grande es que es de día. Durante el día hay luz, ruido, actividad, mamá y papá están hablando abajo, y en la calle hay vida. Encima de todo, la vida de uno no gira alrededor de las siestas del bebé y es imposible ajustar la vida de uno a ese horario tan cahótico; hay que ir al banco, a mercar, al correo, incluso a dar una vuelta. Y bueno, todo eso complica la siesta. Así que el capítulo de la siesta es básicamente un conjunto de condiciones importantes para tener en cuenta. La siesta no se puede forzar, pero se puede incentivar: música suave, cerrar las cortinas, besos, arrullo, y a la cama—la misma en la que duerme de noche. Cuando el bebé muestra señas de estar cansado (se soba los ojos, se hala las orejas) es hora de ponerlo a dormir así no haya pasado 2 horas despierto, si está cansado pues hay que descansar. La siesta es una recarga personal, algunos necesitan 1 hora, otros 20 minutos, así que lo que uno busca es que el bebé se despierte contento y descansado. Si se levanta molesto y evidentemente cansado, pues necesita otra siesta pronto. Y el arma secreta de última instancia, dar una vuelta en el coche o en el carro, porque es importante que haga siesta a como de lugar o la noche no será para nada un paseo. De la siesta depende la noche.

Nosotros

Suena fácil y a como obvio.  Para nosotros funcionó en dos semanas. Valga la anotación de que a los 3 días ya estabamos disfrutando de los beneficios de dormir mas de 4 horas seguidas además de tener tiempo para nosotros.

Actualmente David a las 7pm está en la cama, dormido en menos de 10 minutos, se levanta una sola vez en la noche por un snack ligero usualmente con mamá (cada vez se levanta mas tarde, empezó a las 11pm y ya va en las 4am) y a las 7am está despierto sonriendo. Las siestas aun no son un exito, pero en parte es la inconstancia de nuestro día a día y para eso no hay nada que podamos hacer por ahora.

Y como todo en la aventura de ser padres… cuando crees que lo lograste algo llega a dañarlo todo: creemos que le estan empezando a salir los dientes, algo que inevitablemente le va a joder su sueño.

Que siga la aventura.

De regreso al trabajo

Y el susodicho día llegó….

Ya llevo un mes de regreso y apenas estoy empezando a poner las cosas en marcha. Puedo decir que la semana que acaba de pasar fue verdaderamente productiva, retomé donde habia quedado y elaboré el plan inicial para continuar.

Como en todos los trabajos, retomar después de haber estado ausente ha resultado complicado. yo diría que lo que complica mi situación, es que 5 mese en investigación puede significar un nuevo rumbo de trabajo… y creo que es mi caso.

PS: Mi plan es acabar este año, pero todo parece indicar que no va a ser posible 🙁

Ese sueño llamado “Dormir”

Han pasado casi 7 meses (los 5 de David más los últimos 2 del embarazo) y puedo contar con una mano la cantidad de noches que he tenido calidad de sueño. Estoy agotada. Estamos agotados.

Cada vez que oigo a un padre o una madre decir que su bebé duerme seguido la noche o que en tanto lo ponen en la cuna se duerme, me dan ganas de agarrarlos por las greñas y hacerlos pasar una noche en mi casa a la merced de David “el peleador del sueño”.  Si mi hijo tuviera un super poder sería el de “combatir el sueño” porque eh ave maría si que lucha.

Y cuando los oigo darme los mil consejos, sobre todo ese de “deje llorar al niño” me provoca meter esos comentarios en un tarrito de púas y ponerlo en algún lugar muy especial.

Si, lo hemos probado todo! Y sabemos perfectamente cual es nuestro problema y lo estamos resolviendo…  Pero toma tiempo, y mientras tanto estamos sin dormir.

Y es que el condenado sabe y pone esa carita de “yo no fui” y en medio de la noche saca una deslumbrante sonrisa que llena el alma. Quien se enoja con esa carita?

Espero en un par de semanas reportar que estamos durmiendo derecho y por ahí entonces un resumen de nuestra experiencia, los intentos fallidos, los errores que cometimos y lo que por fin funcionó. Por ahora, cambio y fuera.

Y cuándo vuelves?

Me preguntó mi supervisor en la última reunión de grupo

“Pronto” — Respondí con un poco de vergüenza.

Mi retorno al doctorado depende de un único factor: ¿Quién ve por mi repolludo mientras tanto?

Mi plan es arrancar en Enero y para poner ese plan en marcha exitosamente muchas cosas tienen que pasar en las próximas 4 semanas. A hacer cachitos para que todo salga bien!