El confesionario

Como parte de una tradición familiar, pasé mi vida escolar en un colegio de monjas. Fue el colegio donde mi tía y mis primas mayores estudiaron, y por ende donde mi hermana menor también estudiaría. El punto es que como parte de la decisión de mis padres sobre mi formación, ellos decidieron que yo debía ser educada bajo los principios del catolicismo en medio de la comunidad salesiana. No hay nada de malo con esa decisión.

Mi vida escolar fue muy buena. Tuve la fortuna (que pocos tenían y tienen) de poder aprovechar lo que mi colegio tenía para ofrecer. Era una época en donde as danzas, la música, el teatro y el deporte era muy importantes y pertenecer a esos grupos era sinónimos de valor, dignos de admiración. En mis años escolares fui criada como salesiana, es una comunidad que se destaca por su felicidad y servicio a los más necesitados. Me hice parte del grupo juvenil, hice amigas y amigos, asistí a paseos encuentros y algunas pocas veces presté mi servicio a los más necesitados. Sin duda, de la salesianidad, lo que más tenía (tengo) es la felicidad. Mi colegio era bueno, fue una buena época.

Pero a pesar de todo lo bueno, hubo algo que nunca pude entender y hacer con entera convicción: confesarme.

En el colegio, 4to de primaria es el año de hacer la primera comunión, y desde ese momento, cada semana había momento de confesión. En el fondo era el momento de “salirse de la clase” porque a pesar de todo en el fondo to creía en el poder de la confesión. Iba a  la iglesia del colegio, donde estaban todas las niñas “pecadoras” como yo, y el padre que a veces estaba en el confesionario y otras veces en una banca, esperaba a que una por una llegáramos a contarle nuestros pecados.

Y llegaba mi turno. Así que tomaba mi puesto, el de la “pecadora”, y el padre hacía la pregunta de rutina: “Cuáles son tus pecados?”. Yo siempre tenía los mismos dos pecados que me parecían dignas de un castigo y se las contaba al padre, “Padre, esta semana le mentí a mi mamá, y fui desobediente”. El padre sin mirarme, sin darme si quiera su desaprobación, me ordenaba no volverlo a hacer, y dictaminaba el conjunto de rezos y oraciones que debía hacer ya mismo si quería que Dios me perdonara y así poder tomar la comunión en la próxima misa. Después de eso, yo caminaba al grupo de las “confesadas”, me arrodillaba en la silla, juntaba mis manos, miraba a las estatuas de la iglesia; María, Jesús, Dios, el espíritu santo; y repetía las oraciones ordenadas para expiar mis pecados. Nunca me sentí diferente.

Hice eso, por años, pero sinceramente nunca me sentí de verdad sucia y pecaminosa, arrepentida, confesada, y perdonada. Creía que había algo malo conmigo, estaba segura. Mis compañeras se sentían en gracia con Dios, en paz, tranquilidad y felicidad después de la confesión. Yo me sentía casi que igual que ellas, pero incluso desde antes de la confesión.

Fui creciendo y cada vez me creía menos lo de los pecados y el perdón. Digo, en todas las ocasiones yo ya me había confesado antes de si quiera llegar al colegio. De alguna manera mis mentiras y actos de desobediencia ya habían sido confesados y ordenados en castigo por mi mamá. No entendía qué tenía que ver el padre o Dios en todo esto. Así que poco a poco, mientras me hice más grande, mis visitas al confesionario se hicieron menos frecuentes. Y la pregunta de la monjita: “quienes tienen algo que confesar? el padre esta dando la confesión en este momento” iba perdiendo ese deseo de urgencia.

En ese momento, cuando era una adolescente, no me sentía pecadora. Y mientas más crecía fui entendiendo que no creo en que alguien (que no conozco, no me conoce, o nunca he visto) tenga que perdonarme. Y me he convencido que la persona a quién he ofendido y lastimado con mis actos, esa persona a quien verdaderamente le debo mis disculpas y con quien quiero arrepentirme de mi error, esa es la persona que merece mi confesión. Y esa persona es a veces uno mismo.

Dejar el confesionario fue mi primer paso en dejar la iglesia católica.

Vivir es para valientes

Hace unos meses rodó por Facebook este video, y me hizo caer en cuenta que la vida está llena de aquellos momentos que nos exige actuar como valientes, y quienes tienen verdadero éxito son aquellos que arriesgan perder algo para tener la oportunidad de ganar algo más. Suena los más cliché del mundo, pero ya lo dice el viejo y conocido refrán “Nada  en la vida es gratis”

En algún momento hablando con alguien, ella me hablaba de cuál era el trabajo que quería, el de sus sueños, y me contaba de salario, tiempo libre, ubicación y todo tipo de características y condiciones. Mi consejo fue que había que arriesgar algo porque esas cosas no suelen caer del cielo en las manos de uno. Al final de cuentas, el mundo está lleno de muchas personas buscando las mismas oportunidades. Para mi reflexión, esa conversación—al menos muy parecidas—la he tenido con 7 personas diferentes en el último año, y eso atrajo a mi atención.

Existe un mar de posibilidades que muchos sólo se atreven a soñar, y que muchos otros viven y le llaman “realidad”. También hay gente que la tiene muy fácil, pero ninguno que conozca personalmente. Así que en lo que a mi respecta, todo tiene precio y si lo queremos de verdad tenemos que estar dispuestos a pagarlo de la manera más inteligente.

El lunes pasado me entrevistaron. Después de llenar una encuesta en colfuturo hace un par de semanas, recibí un correo de ellos diciendome que querían hablar conmigo porque encontraron cosas “interesantes” en las respuestas de mi encuesta. El lunes, la periodista y yo hablamos por una hora. Empezamos con una lista de preguntas prefabricadas y terminamos hablando como dos mujeres que han alcanzado éxito en la vida tras un constante buscar y no rendirse.

ella: de todos los que he entrevistado, eres la primera estudiante de doctorado que está tan feliz y tan optimista. ¿Cómo haces?

La pregunta me causo inevitable risa. La gente se queja mucho en Colombia, para todo hay un “pero” y hemos perdido el optimismo, y con él, las posibilidades de soñar y de alcanzar nuestras metas, arriesgarnos y ganar.

Ser pesimistas y pensar que no lo vamos a lograr es lo que tiene a tanto colombiano estancado cargando una piedra de miedos e inseguridades que se van contagiando en la familia, en los amigos, en los concidos, y que los ha vuelto ciegos a creer en ellos mismos.

Ese es mi valor, yo creo en que yo puedo, creo en mis capacidades de enfrentar los obstáculos de la vida, en hacerle frente a las dificultades, y a vivir inteligentemente. Creo firmemente que vivir es para valientes, y prefiero aventarme a los cambios que vivir con la pregunta de “que hubiera sido si…”

Mi cajita de origami

Después de 8 horas de evento, incluyendo 1 hora entera de presentación, más 6 horas de vuelo, pasadas las 11 de la noche llegué a la casa con una maleta más de la que me fui, hecha un ente humano, sudada y cansada.

Como es costumbre llegué con mis maletas, las descargué en la habitación y ejecuté un nada-fuera-de-lo-común saludo y bienvenida—besos y abrazos y muchos “me hiciste mucha falta”. Me puse al día con él, le conté las últimas del viaje, me quejé de lo cansada que estaba… en fin, lo típico.

él: “te tengo un regalo”

yo: “ehhhh regalo! ¿qué es? ¿qué es?”

él: “Cierra los ojos, siéntate en la cama”

yo: “¿No me puedo ir a bañar primero?”

él: “No, ya vengo, cierre pues los ojos”

Así que juiciosa cerré los ojos, y me dije: “por fin!, me compró las flores que yo quería!”

él: “abre los ojos”

Y ahí estaba al lado mio en el piso mostrandome una preciosa caja de origami.

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yo: “awwww, divina, ¿era lo que estabas haciendo cuando hablabamos?”

él: “si”

yo: “Te quedó espectacular, eeeeee cajita!!!!”—– y lancé la mano para agarrarla

él: “Espera!”

Inner yo: WTF! mi cajita! ¿ahora qué?

él: “¿Tu te acuerdas como nos conocimos?”

Inner yo: WTF! no me quiere dar mi caja!! para que me dice que me la va a regalar si me la quita!??….. ah? cómo nos conocimos? hmmm, nop…

yo: “Si”

él: “con origami ¿cierto?”

Inner yo: Pues…………. no nos conocimos así pero el origami ha sido importante en nuestra historia…. si claro, la primera historia, la de….

yo: “el pececito y la mariposa! obvio!!”

Y entonces, abrió la caja, y allí estaba, azul, perfectamente plegado, un anillo de origami.

él: “¿Quieres casarte conmigo?”

yo: ¿es en serio?

él: “Si”

yo: ¿estás seguro? ¿es en serio?

él: “Si, en serio”

Y fue cuando noté que el estaba a mi lado, no simplemente allí sentado, sino con una rodilla en el piso. Era en serio.

yo: “Sí!”

y mientras ponía el anillo en mi dedo

él: “es de piedrita azul, tal y como querías.”

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Y después de la euforía y la felicidad, besos y abrazos y discursos llenos de todas esas cosas especiales que es él y que me hicieron sentir como si estos años hubieran pasado en un soplo, le dije:

yo: “Mañana tienes que hablar con mis papás”

Estereotipos, porque todo en mi huele a contradictorio

Hace un par de meses grabé un video para mi universidad para ser presentado durante un evento en donde los niños de colegio visitan la universidad para enterarse de cómo es. Mi misión era contar quien soy y mi punto de vista como ingeniera de sistemas, pero sobre todo, contar los miedos y dificultades con las que me enfrenté al elegir mi carrera. Creo que en el video no pude expresarlo todo… eso lo dejaré para otro post en otro lado.

He estado pensando en la cantidad de estereotipos con los que vivimos todo el tiempo.

Describiéndome en pocas palabras parezco un mar de contradicciones sociales: soy mujer, ingeniera, llegando a lo 30 todavía estudiado, no tengo propiedades de ningún tipo, viviendo en concubinado, sin hijos, tatuada, estudiando un doctorado en ciencias de la computación… y además me gusta cocinar y hacer manualidades entre otras cosas.

Si separaramos cada una de esas palabras independientemente basandonos en los estereotipos sociales podríamos deducir muchas cosas de mi. Por ejemplo:  “a la vuelta de los 30 y sin trabajo, ni casa, ni hijos” soy una desempleada, mantenida, buena para nada. “Tatuada”, hasta viciosa será.  “Haciendo un doctorado”, uy que debe ser muy inteligente y debe saber mucho. “Hogareña”, es que tiene que ser obvio. Pero la verdad es que no soy la suma de eso.

Me atrevo a concluir que los estereotipos son la consecuencia lógica de la generalización.

Ya estamos muy grandes y muy educados para andar generalizando, ¿no?

Soy una prueba viviente de cómo lo no académico es vital en la educación escolar

Mis recientes experiencias en esta nueva cultura me han llevado a cuestionarme profundamente sobre lo que significó mi vida mientras crecía. De cierto modo a veces me asombro pensar que en medio de las imperfecciones de nuestro sistema educativo colombiano millones de colombianos logramos salir adelante. Pero hay un porcentaje que no tiene esa dicha y siento que confome pasa el tiempo éste porcentaje está creciendo discimuladamente sin que nos demos cuenta.

Mi conclusión ha sido que el valor que le damos a la educación en Colombia se ha convertido en medir cuantitativamente el grado en que los jóvenes saben sobre los temas escolares, por encima de una medición qualitativa de lo que aprendieron. La excelencia entonces se mide por quienes tienen las mejores notas, y se es mejor entre más estudie y mas “coma libros”, que se resume en nada más que tener una excelente memoria. En últimas, muchos padres Colombianos consideran el mejor colegio por el puntaje del ICFES.

¿No es eso permitir a una institución que decida lo que es mejor para nuestros hijos basado en lo que mejor memoricen o como mejor adivinen en las pruebas?

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(Imagen tomada de algún lugar en Internet)

El mundo real necesita más y creo que estamos preparándo mal a nuestras generaciones colombianas.

La sociedad no está basada en el mero conocimiento. Con tanto acceso que tenemos hoy en día a él, es absurdo pensar que un profesional es valioso solo porque es una enciclopedia orgánica. Por el contrario, las habilidades personales no se encuentran en Google, y no se desarrollan haciendo extenuantes tareas académicas que no dejan tiempo ni para respirar.

Me preocupa pensar que nuestros jovenes colombianos se vuelvan unas lumbreras, pero en el fondo unos parias sociales, sin ninguna habilidad para relacionarse, y que lo único que puedan compartir con sus pares sea aquello que sepan hacer. Qué pueden ofrecerle al mundo si crecen cuadriculados?

Cuando yo era niña gozaba de muchas actividades extracurriculares. Siempre le he dado gracias a mis padres por hacer todo lo posible por permitirme explorar otras cosas que no fueran conocimiento así no me hubiera vuelto profesional en niguna, así hubiera cambiado entre una y otra, así cada año saliera con una activdad diferente. Pasé por patinaje, piano, baloncesto, voleyball, teatro, danza, pintura, grupos juveniles, el consejo académico, y no paré en el colegio, seguí yo misma en la universidad…. y aún lo hago.

Suena estúpido, y en algún momento ni siquera fue intencional, pero esas actividades me enseñaron lo que nunca hubiera encontrado en un libro y que hoy me llevan a ser lo que realmente soy. Aprendí de trabajo en equipo, perseverancia, dedicación, disciplina, tolerancia, comunicación, paciencia, … y en resumen, creatividad.

Las artes ha sido suprimidas de los colegios colombianos, y veo que es un grave error. El cerebro necesita ejercicio, no es simplemente un banco de conocimiento. El ejercicio de la creatividad es lo que nos permite ver soluciones a los problemas, imaginación, e innovación, competencias necesarias en la vida profesional…. cualquiera que esa profesión sea!. Y aún más importante, son cualidades necesarias en la vida personal.

Si, yo creo en que el conocimiento es importante, que es relevante para la vida conocer las matematicas, la biología, la literatura, la historia, y las ciencias sociales. Pero soy una experiencia viviente de que no todo en la vida debe ser libros para ser una persona éxitosa.

…. Además, hacer otras cosas es salud mental.

La analogía de la Bomba Sucia

He pensado mucho en esta analogía, y me tomó una coincidencia, un evento completamente no relacionado para encontrarla.

La Bomba Sucia, según Wikipedia, “(…) se utiliza para denominar a los artefactos explosivos que diseminan elementos radiactivos en la atmósfera (…)”. Básicamente esta bomba explota y además del daño explosivo, contamina con radiación a quienes hayan quedado vivos. El proceso de recuperación tras una bomba de estas es lento y trae consecuencias de por vida en la población.

Y ¿analogía con qué?

A cuando uno tiene metido en el pecho, años de sentimientos, tristezas, decepciones, resentimientos en general, en un momento de descontrol la bomba se detona, y casi siempre se trata de una bomba sucia.

Es humano encontrarnos en la situación de explotar una bomba sucia alguna vez. Una persona inteligente no se permite explotar la siguiente.

Yo no creo en bandos opuestos, pero si en puntos de vista diferentes

Recientemente un colega de universidad, frente a mi post sobre el matrimonio igualitario comentó:

“hay que entender este mundo no es un ligar de imparcialidades, siempre ha existido y existirá el juego de bandos opuestos. asi como en la religión, en la política y en la naturaleza misma todo esta dividido, ejemplos son el bien y el mal, el socialismo y la democracia, los cristianos y los musulmanes, el macho y la hembra etc etc. pretender pararse en un bando y decir ESTE ES EL BANDO CORRECTO! es lo que todos han luchado por hacer desde tiempos inmemoriales. cada quien ve el mundo desde su estrecho punto de vista.”

Mi respuesta a su comentario decía:

“espero que compartas conmigo la alegría de que hoy, en nuestro país, tu esposa (que tanto amas y respetas como mujer y ser humano) al igual que yo y todas las mujeres colombianas, contamos con un derecho civil que nos permite tener educacion, trabajo, bienes y ademas de votar, En Colombia las mujeres ya no somos LEGALMENTE discrimidadas por ser mujeres. Con esto, yo peleo por un DERECHO CIVIL llamado MATRIMONIO y en contra de la discriminacion de cientos de seres humanos de ese derecho.”

Pero detrás de mi corta respuesta hay toda una reflexión a partir de su comentario. Parte de mi respeto a las demas personas, es poner cuidado a sus opiniones, y generalmente tengo una respuesta, corta o larga, para hacerle saber a esa persona que sus palabras no han llegado invisibles a mi. Digo, si las ponen es porque quieren compartirlas y que las lea, verdad?

Yo no creo que bandos opuestos, y eso por eso que me da tanta frustración la forma en como la religión y la política se las han apañado para manipularnos por siglos.

La historia nos ha mostrado que estos dos siempre han sido la pareja inseparable, el poder de la humanidad siempre ha estado en manos de este par, que con el tiempo se atribuyeron el derecho y la propiedad de decirnos qué está bien y qué está mal. Y en el fondo, todos sabemos que en medio de todas las justificaciones, la principal razón es el poder de controlar las masas.

Entre más seguidores, más poder.

Y entonces nos dicen que las leyes para el bien y el mal estan en un libro, que fue escrito por un selecto grupo de personas (osea, ellos decidieron estas leyes seguramente con las mejores intenciones), y que tenemos que seguirlo o de lo contrario seremos castigados privándonos de nuestra libertad, física o espiritual. Con el tiempo me cuesta cada vez más aceptar la inarbitratiedad y la imposibilidad de cuestionar lo que ese libro dice.

Yo creo en los puntos de vista.

Una de las preguntas que he encontrado mas dificiles de responder en  mi vida, es si estaría dispuesta a matar a alguien que le ha hecho daño irreparable a uno de mis seres queridos (por ejemplo, el controversial caso de un hipotetico violador de mi hipotetico hijo). Tengo dificultades para responderla con toda convicción, mi instito y mi razón se contradicen y espero nunca tener que enfrentarme a esa decisión. Pero no es el caso de todo el mundo, y dependiendo de cómo estas personas hayan obrado hay quienes tienen opiniones contrarias, y es allí donde entran los puntos de vista.

Cuándo es bueno y cuándo es malo? Cuándo es justificado?

Eso depende de cada uno, y la regla con la que medimos ya sea enseñada por otros,  o impuesta, o verdaderamente original, es nuestra y no tenemos por que irrespetarla. Esa vara con que medimos es muchas veces contradictoria y la razón por la que no podemos estar todos de acuerdo es precisamente por los puntos de vista. Entonces, en algunos casos la solucion ha sido favorecer a las mayorías, y entonces nos inventamos sistemas como la democracia.

No trato de develar el santo grial del orden público, no poseo el conocimiento, ni la capacidad para ello, simplemente está por fuera de mis límites. Pero del mismo modo creo en un derecho natural de questionar y de creer en lo que mi inteligencia me permita decidir.

No creo en bandos opuestos, considero un error atribuirnos el derecho de decir que estoy en lo correcto, y declarar verdades absolutas cuando alguien tiene otro punto de vista.

Me gusta nuestra casa

“Me gusta nuestra casa” dijo él recostado en la mesa cerca de la cocina mirando hacia a mi, yo sentada en mi escritorio en su linea de vista a la sala.

Con esa pregunta de la nada, me detuve en lo que estaba haciendo

“ah? Como así?”

Me miró sonriendo, como quien dice ha dicho algo obvio pero  fui incapaz de entender

“Si, mirá todo lo que hemos ido consiguiendo de a poquitos. Me gusta”

Hice un escaneo de mi alrededor. No tenemos mucho, la mayoría han sido cosas de segunda y se puede ver que han tenido otras vidas en otras casas.

Lo miré de nuevo, recostado allí sobre un comedor que nos regalaron los administradores cuando nos pasamos, un comedor sin sillas, que ahora es la mesa de la cocina para amasar las arepas y para sostener el microondas. Le respondí:

“…. si, a mi también me gusta”

Y pensar que es la segunda vez que hacemos esto. Ahora vivimos en un espacio que me atrevo a calcular es un tercio de donde vivíamos en Cali, pero de alguna manera se siente igual de espacioso, de cómodo, de agradable.

Tiene cara de hogar.