Llegar a casa

No hay mejor manera de recompensar un duro día de trabajo que llegar a la casa y que me reciba una muda y enorme sonrisa que siempre viene acompañada de unos saltos de emoción.

Por estos días estoy viviendo las frutas inmaduras del doctorado, y cuando mi alarma suena a las 5:00 no me importa si estoy en la mitad de mi momento productivo, salgo como quien espanta un loco (aka. pedo) agarro mi chaqueta, mi maleta, me monto en mi bicicleta y pedaleo rumbo a mi casa. Allí me espera ese pedacito de ser humano para que juegue con el , le de la cena, un baño caliente (asistido de papá), un poquito de comidita reconfortante, si el tiempo y el sueño lo permite, un poquito de tiempo-nuestro pegado a mi pecho, y a dormir en la camita.

Cada día de trabajo, aspiro a esas dos horas de la tarde, donde puedo meter mi nariz entre esos plieguecitos del cuello, olerle la cabeza, darle picos en los cachetes, pasarle mis manos para que juegue con ellas, que me haga “masajes” en la cabeza, me “acaricie” el pelo, y me de “besos” en donde aterrice esa boquita. Hacerle cosquillas, sobarle los piecitos y contarle los dedos, leer un cuento, leer otro cuento, cantar entre medio, arrastrarnos por la sala, jugar con el sonajero, poner a sonar una y otra vez el mismo juguete con la misma melodía.

Si antes me gustaba llegar a casa, ahora me gusta más. Ver esa expresión de genuina felicidad es como si el también hubiera estado contando las horas.

collage

La última gota

Creo que de todas las cosas que he vivido al regresar al trabajo, lo que mas me entristece es ver cómo la cantidad de mi leche se disminuye lentamente. En 1 mes pasé de llenar 6oz cada 3 horas, a tener las mismas 6oz sumando toda la leche del día.

Aceptar que ya no puedo seguir amamantando a mi gordo de manera exclusiva ha sido difícil, siento que estoy perdiendo esa conexión, ese momento que sólo tenemos los dos, esa capacidad de darle de mi cuerpo el sustento, o a veces sólo el confort.

Pero bueno algún día iba a pasar…

image

El sueño que se hace realidad: “Dormir”

Hay cientos de teorías sobre cómo hacer dormir a tu bebé. Unas a mi parecer son simplemente crueles, otras no me parece que tienen sentido, y una que otra califica para intentar. No se si las alcanzamos a probar todas, claramente como ésta última ya funcionó (toco madera*) no vamos a cambiar las cosas.

Como la madre primeriza que soy, y sumada a mi particular personalidad, me remito a dos fuentes de información: las mamás de mi vida (porque las mamás lo saben todo! y ellas siempre son mi primera fuente de sabiduria), y lo que haya en la literatura actual. Y valga la aclaración que “actual” ha sido una palabra clave para mi en todo este cuento de ser mamá. Como la académica que soy, yo creo en la investigacion, así que tengo la tendencia a buscar apoyo en la literatura. Bien o mal, aquí vamos.

El último libro al que recurrimos y que reveló la estrategia ganadaroa se llama “The Sleep Sense Program” por Dana Obleman (Amazon.ca, Official Website). Llegó a nuestros manos por recomendación de una de las enfermeras de nuestro health unit siendo ella una experta en desarrollo infantil. Creo que lo que más me gustó del libro es la forma en como todo se pone en perspectiva. Por supuesto, después de todo no soy la primera mamá en el mundo desvelándome para atender los llantos de mi bebé a la madrugada cada tres horas, y un poco de “no estás sola” es aliviador (eso lo tienen casi todos los libros). Lo que realmente me puso en perspectiva a mi es que no le puedo enseñar a mi hijo algo sin darle la oportunidad a que él lo haga solo. Ella pone el ejemplo típico de cómo vas a enseñarle a tu hijo a gatear si nunca lo pones en el piso. Y dado que me siento personalmente tocada con ese ejemplo gracias a la aberración de David de estar boca abajo, todo hizo clic.

El primer capítulo habla sobre la importancia del sueño—osea el buen dormir. Para el bebé es obvio que su cuerpo y su cerebro necesitan procesar todo lo que ha aprendido en el día y sobre todo necesita recargar las baterías. Actividad que según la literatura, se continua durante los primeros 12 años de todo niño (ahí luego llegan a la adolescencia y para eso uno necesita otro libro completamente diferente. Algún día escribiré lo que he aprendido de allí). Pero ese mismo descanso es igual de importante para mamá y papá — duh!.

Ahora digamos que en mis años mozos, di tu mis 20s,  4 horas de sueño eran suficiente para ser un ser humano capaz y coherente. Claramente ya no es el caso. Pero la revelación sobre el sueño para mamá y papá tiene que ver con algo mas importante que el aguante del trasnocho; y es que con ese ritmo de vida nocturna y sin mucha calidad de sueño, la relación de pareja empieza a sufrir—y yo ya estaba sintiendo que por ahí iba la cosa. Así como cuando uno lee y se siente relacionado (de nuevo el “no solo me pasa a mi” da algo de alivio). En mis manos, ese libro sería una herramienta para mejorar mi calidad de vida, la de mi bebé y por supuesto la de mi esposo.

Segundo capítulo, una introducción a lo que es el llanto. El tema del llanto es bien controversial para mi, porque creo que no tiene sentido dejar a mi niño llorando inconsolablemente hasta que pierda toda esperanza y se quede dormido— o bien llamado, el método de “dejarlo llorar”. Me gusta este capitulo porque es muy honesto, y aún cuando inevitablemente mi hijo tiene que llorar porque no sabe hablar todavía, es importante que YO siendo su madre, entienda el por qué está llorando y cómo yo debo lidiar con su llanto. De nuevo, algo de perspectiva: mi hijo va a llorar en muchos momentos durante su vida y punto, es su forma de reclamar ante el cambio, es su manera de protestar, es su forma de llamar a mamá en la noche, es su forma de decir que tiene hambre, está cansado, está aburrido, está incomodo, algo le duele, finalmente es su forma de comunicarse. Yo soy el adulto, no puedo ignorar su llanto, pero eso no significa salir corriendo cada vez que lo hace—a menos que su vida esté en peligro obviamente. El llanto estará allí y yo tengo que descifrarlo para saber qué hacer.

Los siguientes capitulos son un paso a paso lleno de estrategias, posibilidades y variantes para uno adoptar, pero que dejan en claro el objetivo de cada etapa y cuanto te demoras en ella. Como todo, cada quien toma lo que necesita y arma su propia estrategia. Mi parte favorita es las secciones de “qué hacer cuando no sale como uno espera”.

Entonces como funciona la cosa?

Primero lo primero, y es crearle al bebé una rutina.

Una rutina constante que el relacionará con su hora de dormir, de manera tal que con el tiempo el pueda predecir qué es lo que viene. Para nosotros incluye, baño caliente, música, pijama, cuento, y un rato abrazados bailando suavemente al son de la musica de cuna. Un par de besos, “buenas noches” a todos los presentes, un “te amo”, y a la cama. Y en este punto todo depende de el estilo de padre que uno es y puede ser, y básicamente lo que uno puede soportar. Para algunos significa dejar al bebé e irse, para otros es quedarse a su lado, para otros es ir cada 10 minutos a proveer consuelo… lo importante es hacer lo que a uno lo haga sentir cómodo, siempre y cuando se respete el objetivo: que el bebé aprenda a dormirse por el mismo, así que no se vale dormirlo en los brazos, pues de hecho es todo lo contrario. Esa  fue la lección mas importante para nosotros, porque al cabo de 5 meses habiamos creado una dependencia mutua a dormir juntos. Ahora “dormise por si mismo” significa retirar de la “rutina existente” todo objeto o persona del que David dependía para dormirse y que el no pudiera controlar. Y así quedó el solo en la cuna sin chupo, sin papá abrazandolo, y sin la teta de mamá, pero con un muñeco, uno fijo que nunca deja la cuna y al que el puede recurrir para abrazar y dormirse.

Segundo, irse a la cama temprano.

El objetivo de sueño de un niño de 0 a 12 años es estar dormido entre las 7pm y las 8pm, por dos razones importantes: (1) la cantidad de sueño necesaria para ellos es de 10 a 12 horas aproximadamente; y (2) mamá y papá necesitan tiempo para ellos. Por experiencia propia puedo confirmar que no importa a que horas acostabamos a David, muy a las 7am estaba él listo para arrancar el día. Creer que entre más tarde lo acuestes mejor, o al contrario que si lo duermes temprano se levanta temprano, no es verdad. Puedo dar fe de ello. La primera noche no lo podíamos creer, a las 7:30 David estaba dormido y por primera vez en 5 meses nos pudimos sentar en la sala con crispetas a vernos una pelicula…. y nos vimos dos.

Tercero, entender los ciclos de sueño.

Cada persona se despierta al menos cuatros veces en la noche, y los bebés no son la excepción. Lo que pasa es que ya aprendimos a dormirnos, nos damos la vuelta, acomodamos la almohada o las cobijas, vamos al baño, o lo que sea, pero volvemos a dormirnos. Ni siquiera somos conscientes de todas las veces que nos despertamos pero lo hacemos. O ¿quién amanece siempre tal y como se durmió? He ahí la importancia de aprender a dormirnos solos. Los bebés igual, y dice la teoría que 10 minutos es lo máximo que nos toma quedar en una posicion comoda y volvernos a dormir. Así que cuando uno oye al bebé tiene que esperar 10 minutos antes de ir a ver que es lo que pasa, a ofrecer consuelo, algo de comer, un arrullo y vovler a dormir. Al principio puede que las visitas sean frecuentes, despues de todo el bebé está aprendiendo a dormirse, pero con el tiempo ya los 10 minutos se vuelven 7, 5, y a veces 1 minuto.

Cuarto y último, las siestas del día son tan importantes como las de la noche.

Creer que tener al bebé despierto hasta el cansancio hará que se duerma mejor es un error y tiene sentido si pensamos que nosotros mismos cuando estamos exhaustos pasamos una pésima noche. Durante el proceso de enseñarle a dormir, las siestas son igual o incluso más complicadas que la hora de irse a dormir. Técnicamente por cada 2 horas despierto deberia haber aproximadamente 1 hora de siesta… esta es la hora en la que David duerme típicamente 20 minutos de siesta. La siesta tiene muchos retos, pero el más grande es que es de día. Durante el día hay luz, ruido, actividad, mamá y papá están hablando abajo, y en la calle hay vida. Encima de todo, la vida de uno no gira alrededor de las siestas del bebé y es imposible ajustar la vida de uno a ese horario tan cahótico; hay que ir al banco, a mercar, al correo, incluso a dar una vuelta. Y bueno, todo eso complica la siesta. Así que el capítulo de la siesta es básicamente un conjunto de condiciones importantes para tener en cuenta. La siesta no se puede forzar, pero se puede incentivar: música suave, cerrar las cortinas, besos, arrullo, y a la cama—la misma en la que duerme de noche. Cuando el bebé muestra señas de estar cansado (se soba los ojos, se hala las orejas) es hora de ponerlo a dormir así no haya pasado 2 horas despierto, si está cansado pues hay que descansar. La siesta es una recarga personal, algunos necesitan 1 hora, otros 20 minutos, así que lo que uno busca es que el bebé se despierte contento y descansado. Si se levanta molesto y evidentemente cansado, pues necesita otra siesta pronto. Y el arma secreta de última instancia, dar una vuelta en el coche o en el carro, porque es importante que haga siesta a como de lugar o la noche no será para nada un paseo. De la siesta depende la noche.

Nosotros

Suena fácil y a como obvio.  Para nosotros funcionó en dos semanas. Valga la anotación de que a los 3 días ya estabamos disfrutando de los beneficios de dormir mas de 4 horas seguidas además de tener tiempo para nosotros.

Actualmente David a las 7pm está en la cama, dormido en menos de 10 minutos, se levanta una sola vez en la noche por un snack ligero usualmente con mamá (cada vez se levanta mas tarde, empezó a las 11pm y ya va en las 4am) y a las 7am está despierto sonriendo. Las siestas aun no son un exito, pero en parte es la inconstancia de nuestro día a día y para eso no hay nada que podamos hacer por ahora.

Y como todo en la aventura de ser padres… cuando crees que lo lograste algo llega a dañarlo todo: creemos que le estan empezando a salir los dientes, algo que inevitablemente le va a joder su sueño.

Que siga la aventura.

Ese sueño llamado “Dormir”

Han pasado casi 7 meses (los 5 de David más los últimos 2 del embarazo) y puedo contar con una mano la cantidad de noches que he tenido calidad de sueño. Estoy agotada. Estamos agotados.

Cada vez que oigo a un padre o una madre decir que su bebé duerme seguido la noche o que en tanto lo ponen en la cuna se duerme, me dan ganas de agarrarlos por las greñas y hacerlos pasar una noche en mi casa a la merced de David “el peleador del sueño”.  Si mi hijo tuviera un super poder sería el de “combatir el sueño” porque eh ave maría si que lucha.

Y cuando los oigo darme los mil consejos, sobre todo ese de “deje llorar al niño” me provoca meter esos comentarios en un tarrito de púas y ponerlo en algún lugar muy especial.

Si, lo hemos probado todo! Y sabemos perfectamente cual es nuestro problema y lo estamos resolviendo…  Pero toma tiempo, y mientras tanto estamos sin dormir.

Y es que el condenado sabe y pone esa carita de “yo no fui” y en medio de la noche saca una deslumbrante sonrisa que llena el alma. Quien se enoja con esa carita?

Espero en un par de semanas reportar que estamos durmiendo derecho y por ahí entonces un resumen de nuestra experiencia, los intentos fallidos, los errores que cometimos y lo que por fin funcionó. Por ahora, cambio y fuera.

El pecado de la leche de tarro?

Uno se cansa de leer y de escuchar a todo el mundo decir todos los beneficios de la leche materna y al mismo tiempo una presión para evitar a toda costa la fórmula (o “leche de tarro” como la conozco yo).
Si, no desconozco que lo mejor que le puedo dar a mi hijo en términos de alimento es mi propia leche y hago todo lo posible para que ese sea su alimento constante y exclusivo. PERO lo que mi hijo realmente necesita, lo mejor que yo le puedo dar, es la mejor versión de mi misma…  Y a veces,  esa versión mía está agotada del trasnocho, abrumada con la realización de su nueva vida y a veces incluso algo deprimida….  Y es allí cuando debo decidir que mi hijo puede tomar un poco de fórmula, porque mamá necesita un descanso, dormir y recuperar la compostura para darle a mi hijo lo que realmente necesita: a mamá.

Yo sé que no estoy haciendo nada malo, y que darle a mi hijo fórmula no es un pecado. Ojalá la gente dejara de juzgar, solo uno que es la que da leche sabe lo que de verdad es. Y para algunas cumplir con el exceso de leche no es pan comido.

La marca de los 3 meses

Han pasando tantas cosas en estos 3 meses y a la vez todo ha sido tan rápido que entiendo cuando la gente dice que hay que aprovechar porque “se crecen muy rápido”.
Llegar a la marca de los 3 meses fue como esa primera semana que llegamos del hospital. De repente mi repolludo solo quería dormir y comer todo el día.  Se enojaba conmigo por mi falta de leche que ya no daba a su demanda, y yo trataba de consolarlo.  Pero esa es la marca de los 3 meses y su pico de crecimiento, el esta preparándose para dar un salto en su crecimiento y necesita más comida de la que podía ofrecer en ese momento.  La solución? No es darle fórmula (a no ser  que el caso sea extremo) sino estar allí con mucha paciencia y darle todo lo que se pueda de pecho exclusivo.  La razón? De hecho es muy simple, si él necesita más comida mi cuerpo tiene que proveerle y la leche materna es un proceso de producción por demanda, entre más demande leche el bebé más leche producen los senos, asi que reemplazar esa necesidad con fórmula solo hace que el cuerpo no se entere que es hora de producir más.
No fue fácil…  Aún no lo es, estaba cansada,  trasnochada y a veces frustrada, tuve que tomar un alto en el camino y ceder a una que otra fórmula para rellenarlo porque estaba perdiendo los estribos, me iba a enloquecer. Pero si el no comía yo me la sacaba, porque sea como sea el mensaje era “producir más leche” y bueno tratar de mantenerme hidratada…  Que semana.
(De hecho creo que aún no salimos del todo)
Está enorme mi repolludo. Y lo rico que es ver como el va cambiando. Por ejemplo ya no quiere estar acostado ahora quiere ver el mundo sentado.  Dentro de poco estará haciéndolo solo.
Estoy anonadada.

Las primeras seis semanas

Parece increíble pero después de seis semanas muchas cosas cambiaron desde que llegamos a casa con esos 3 kilos de nueva responsabilidad en los brazos (6 semanas no son nada! en la univerisdad apenas si uno va a entrar a primeros parciales). Pero en la vida de nuestro pequeño bultico de carne y huesos 6 semanas lo fue todo!

Mi mayor reto, del que más me preocupaba, la lactancia. Para esas seis semanas ya mi repolludo y yo ya nos conocíamos. Por su parte él ya habría aprendido dónde quedaban los pezones de mamá y cómo los tenía que apretar para que le saliera su único sustento. Por mi lado ya sabía como sostenerlo, ponerlo frente a mi y traerlo a mi pecho para que en un solo movimiento el pudiera encajarse a comer. A las seis semanas ya no tenía que preder la luz del cuarto, la tenue luz de la pantalla del celular era suficiente. Hoy día somos unos PRO, podemos hacerlo a oscuras y a veces, con los ojos cerrados… ambos!

Otra cosa maravillosa de las seis semanas es el patron de dormir—y me refiero al mio. Los primeros días dormir en porciones de una o dos horas era una agonía, me la pasaba agotada, somnolienta, sin mencionar toda la presión de mantener vivo al repolludo. A la vuelta de las seis semanas mi cuerpo había aprendido a dormir eficientemente. ¿Tocar la almohada y quedarme dando vueltas? ya no, ahora dormida fija, ¿una siestica de 1 hr en la tarde? por supuesto. ¿Reanudar el sueño a las 3 a.m.? claro que si!

Creerlo o no, pero a las pocas 6 semanas ya hay una rutina, inmadura, no muy constante, pero está ahí. Empieza uno a decifrar la cantidad de horas que duerme, puede uno predecir que ya es hora de comer, y de alguna manera uno empieza el segundo nivel de la maternidad (y paternidad): decifrar los llantos del bebé. Ya existe un vestigio de rutina, suficiente como para planear una salida medianamtente puntual.

Es otra persona, ese bultico de carne, redondo, estropeado, amagullado, hinchado, que no coordinaba, hace seis semanas, a la semana 6 tiene una carita más de persona, una cabeza mas redonda y menos de huevo, un cuerpo cada vez menos en posición fetal, unas manos abriendo y cerrando, y unos ojos que empizan a cambiar de color. El repolludo a las 6 semanas ya había aumentado cerca de 1 kilo y era 8 cm más largo. Las heridas de su nacimiento (algunos pequeños hematomas) ya se habían desaparecido.

Nuestra vida era como si hubieramos hecho esto por años, a las 6 semanas uno ya cambia pañales con destreza profesional, y el baño ya dura 10 minutos con shampoo incluido. A las seis semanas la producción de leche se había establecido, y la hinchazon abdominal ya no existía(*). A las 6 semanas volví a mi ropa pre-embarazo (Valga la pena anotar que ya era gordita y no subi mucho peso durante el embarazo por lo mismo).

La dieta“, la famosa dieta también se acaba en la semana 6, pero esa se merece su propia entrada.

6 semanas…. apenas, todo lo que le falta al repolludo por vivir.

(*) Aquí va una perla de cultura: Si usted va de visita a una casa donde una mujer acaba de dar a luz hace un par de días, no le diga (ni en broma) que parece que tuviera otro bebé guardado---mientras apunta a la inevitable barriga que uno tiene del embarazo. Un comentario de esos es de pura ignorancia, mal gusto, y no ayuda a nada. True story.

Control del primer mes

IMGP0419

05/Sep/2015, David cumple 1 mes y es momento de su control médico

“Mira esos cachetes!!! y esa papada!!!! y esas piernas!!!! Eres un regordete! Si si si… eres un regordete hermoso” – Le juega la Dra. en nuestra cita de control mientras lo examina.

Uno que lo trata cada día con tanto cuidado, hace malavares para meterle las mangas del mameluco, y pasarle el cuello sin lastimarlo. Abrochar el pañal es una lucha con esas piernas que no dejan de patear y uno con paciencia ruega porque con ese pañal a medio abrochar no vaya a salir un chorrito. Las mediecitas, con que cuidado uno las pone en esos piecitos para que no se le lastimen los deditos, y bañarlo…

Todos esos pensamientos se me vienen la cabeza mientras la Dra. lo examina. Le aplasta la cabeza con los dedos para sentir si “está cerrando” su cabecita. Le toma las piernas se las estira, se las abre, se las dobla, lo gira, para revisar que su cadera no-se-que. Le revisa sus genitales, se los “amasa”. Le pasa los dedos a sus manitas, y el gordito se las agarra, para que ella lo levante unos milimetros y los suelte, y claro! el cae asustado, le esta revisando los reflejos. Le toca los cachetes y el persigue ese dedo como si fuera a comer… mas test de reflejos. Lo voltea, lo mira, lo soba,…. le juega mientras tanto, trata de que no le llore… y le pone ese estetoscopio HELADO en el pecho (momento capturado por papá).

IMGP0420

“Eres un bebé regordete perfecto, hermoso!” – Termina el examen la Dra. mientras yo respiro y me dispongo a vestir a mi repolludito. Que alivio, después de todo nuestro instinto ha funcionado hasta ahroa, lo estamos haciendo bien.

Postparto

Antes de tener a David leí mucho.

“Los próximos 3 días van a ser emocionales para ti, así que no te vayas a angustiar, es un proceso normal” me dijo la enfermera mientras nos daban de alta en el hospital.

Fui advertida por los libros, los post y el curso prenatal. Pero creo que cada mujer vive el postparto de manera diferente y para cada una es una experiencia que no se puede comparar.

La mia fue una mezcla de emociones, la combinación de estar feliz y al mismo timepo abrumada. Por una parte saber que era realidad que nuestro bebé ya no estaba adentro mio dando pataditas sino que ahora parpadeaba y pateaba entre mis brazos. Darle una cara y un nombre a mi garbancito (el apodo de todo el embarazo). Transochar, o no dormir del todo. Está respirando?. La tarea de amamantar, yo sin saber si estaba haciéndolo bien y el sin poderme decir algo. No tener a mi mamá conmigo. Abrumador, aterrador. La realidad era una y era clara: estamos solos. Él y yo, prueba y error, mera intuición, a lo que pudieramos recordar de haber leído y escuchado, solos con un bebé en los brazos en un país lejos de todos.

Debo aceptar que el sistema médico canadiense es un paraíso para las madres primerizas (y para los padres también, pero seamos claros, las mamás pasan por otras cosas más dificiles que tienen que ver con las hormonas). Los detalles serán para otro post, pero en resumen hay una enfermera que está pendiente de nosotros, nos llama, nos da vueltica, nos hace seguimiento. Y digo “nos” porque no es solo al bebé sino a la mamá también.

“Cómo estás? Cómo te has sentido?” — Me preguntó Lisa, nuestra enfermera.

“Bien—- creo” respondí con toda la confianza que uno tiene de madre primeriza… osea ninguna.

Me hizo varias preguntas, conversamos brevemente sobre David, sobre lactancia, el dormir y los pañales .

“Voy a pasar a visitarte” terminó diciendo

Todo lo que leí, todo lo que me dijeron, todo lo que he escuchado… nada me preparó para ese momento. El postparto, el verdadero postparto, lo sentí cuando la enfermera me dijo en palabras más, palabras menos, que David estaba deshidratado y que estaba un poco jaundice (amarillo). No era mi culpa, por supuesto que no lo era, estas cosas pasan todo el tiempo.

Ella me abrazó porque me vio la cara de angustia, de culpa, y mientras me decía que eso era normal, que pasaba mucho, que es parte del proceso, yo simplemente me largué a llorar. Ella y yo sabíamos que no importaba nada que ella me dijera, las ganas de llorar ya se habían apoderado de mi y solo nos quedaba esperar a que se me pasaran.

Esa no fue la única vez que lloré ese día. La segunda vez fue en el comedor y esta vez le tocó a Él, impotente de no saber cómo consolarme, no me dijo nada, solo me abrazó. Era lo único que necesitaba. Me sentía culpable, un fracaso de no poder estar alimentando a mi bebé bien, de que estuviera deshidratado, de que estuviera jundice porque no estaba haciendo pañales sucios por lo mismo que no estaba comiendo bien. Mi pobre hijo estaba al cuidado de una incompetente—me decía. La parte de mi cerebro que racionalizaba estaba de viaje porque ahora es evidente que  yo no estaba pensando inteligentemente. Pero en ese momento, yo era solo hormonas.

Todo resultó bien, al otro día me armé de razón, fui yo de nuevo, luché contra mis hormonas y salimos adelante. Y aunque pasamos la noche en el hospital, con David bajo la luz ultravioleta y yo alimentandolo cada dos horas, el jaundice se desapareció y ahora tengo un gordito hermoso, rosado, que come muy bien.

No pensé que sufriría el postparto, y aunque se que mi experiencia no fue mala como la de muchas otras mamás solo me queda decir que en ese momento uno no es uno y quienes están alrededor juegan un papel vital para superarlo.